Rafa cumple 20 años a lo 'Demolition Man'
Rafa Nadal se atragantó con un plátano durante el encuentro. Saltaron las alarmas, mientras los 14.000 franceses que abarrotaban las gradas se frotaban las manos. Pero el de Manacor celebró su cumpleaños tumbando al local Mathieu. C'est la vié.

Si fue una película, fue 'Demolition Man', no 'María Antonieta'. 'Demolition Man' fue Nadal, claro, no esa pobre 'María Antonieta' para la que el buen pueblo de París alzó una magnífica guillotina en la Plaza de la Revolución bajo el reino del Terror y del Incorruptible Robespierre. Sin mucho alarde de imaginación, se podía adivinar la sombra del cadalso en la arena ocre de la pista Philippe Chatrier. El cadalso en el que el buen pueblo de París, unos 14.000 ciudadanos de Francia más o menos, pulgares abajo, a las armas ciudadanos, pedía a Paulo Mathieu, de Estrasburgo, la ejecución sumaria del joven revolucionario Nadal. Porque el revolucionario es Nadal, no ellos.
El buen pueblo de París estaba ansioso porque llegara su día de gloria, parapetado tras los tremendos golpes de derecha de Mathieu sobre el revés de Nadal. Golpes altos, precisos, feroces, que encerraban a Nadal en el corral del revés, como hizo Roger Federer en la arena de Roma. Algunos de ellos a partir de restos sobre los segundos saques de Nadal: la gente estudia y se va aprendiendo la lección. Con ese plan de juego, y asaltando el revés de Nadal con la derecha y sobre la red (sumó 36 puntos en la cinta), Mathieu ganó el primer set. Le costó casi tanto tiempo como la toma de la Bastilla: una hora y 33 minutos. Nadal estaba en peligro. El pueblo tenía preparada la carreta para 'María Antonieta'. Pero, de repente, apareció 'Demolition Man'.
Llevado a una tensión viscosa, desde una espesura angustiosa, ametrallado por clicks de cien fotógrafos, el partido degeneró en un combate hombre a hombre. Batalla en el Bosque de Bolonia. Escenario ideal para Nadal: llegados ahí, el Niño de Manacor se transfigura en 'Demolition Man'. Robespierre era incorruptible, pero en la jungla de pasiones, Nadal es más bien indestructible. Una pared humana. Forzando a Mathieu a luchar por su vida en cada punto, como él hacía ("jugar ante Nadal es como estar en el Sáhara y ver unas colinas a las que nunca llegas", dijo Kevin Kim), Nadal rescató el segundo set y encendió la mecha de la duda en la derecha de Mathieu. Pero ahí estaba el buen pueblo de París: con 5-4, 15-15 y saque en el tercer set, Nadal pidió tiempo y llamó al trainer, Michael Novotny. Se había atragantado con un plátano. Y se señaló precisamente... al cuello: el gran objetivo de los incorruptibles. Un rugido sacudió a la Chatrier. ¿O era la Plaza de la Revolución? Nadal se levantó, sirvió y remató el set: 6-4. Y miró al rostro del Terror no como hubiera hecho la pobre 'María Antonieta': sino como 'Demolition Man'. O como Muhammad Ali a Joe Frazier en el Madison Square Garden. Aquí manda el que manda. Hágalo usted ante 14.000 gargantas que apuntan a su cuello, usted y usted.
En el cuarto set, cuando el reloj transitaba más allá de las cuatro horas de partido, Mathieu aún peleaba, como el sediento que ve un oasis en el Sáhara... y es un espejismo. Nadal lo remató con un ace a 206 kilómetro por hora. Cuando el último revés de Paulo Henry Mathieu aterrizó más allá de la línea, Rafa Nadal saludó al buen pueblo de París, que aún rugía. Habían pasado casi cinco horas, pero 'Demolition Man' seguía tan fresco. No lo olvidarán.
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Nadal "No me gustó que me silbaran"
Es posible que tenga menos desparpajo y frescura que en 2005, cuando llegué a mi primer Roland Garros. Pero también sé controlar mejor las situaciones. Por ejemplo, sabía que con Mathieu sería un partido difícil. No me pareció bien que me silbaran al atragantarme con el plátano, al final del tercer set y al final de partido, porque fue un gran encuentro. Un partido como éste me va a venir muy bien".