Robredo, matador entre las rosas del Rothenbaum
Ya está: en el Rotherbaum Club de Hamburgo, Tommy Robredo se incorporó a la lista de campeones de Masters Series, sin dar opción a Radek Stepanek, al que batió por cuarta vez consecutiva. Eufórico, Robredo arrojó el polo de juego a las tribunas.


Cuando, en éxtasis, Tommy Robredo lanzó su bonito polo azulina Sergio Tacchini a las gradas húmedas del Rotherbaum Club de Hamburgo, cumplía su idea: hacer algo verdaderamente original.
Pero aquí, lo original no es arrojar el bonito polo a las tribunas: la gran originalidad es que Robredo ha ganado el primer Masters Series de su carrera, sin un entrenador que le dé órdenes directas, y con la única ayuda de dos fisioterapeutas: el madrileño Juan Reque, hombre de confianza de los jugadores españoles de Copa Davis, y, en Hamburgo, el alemán Michael Novotny.
Cuando empezó la temporada terrícola, Robredo acababa de romper con su entrenador, el argentino Mario Monachesi. Empezó a viajar sólo con la compañía de Reque, un tío cojonudo, un hermano espiritual, como los que llevan los jugadores de la NBA, o como aquel Isidro Echevarría que acompañaba al morrosko Urtain, el entrañable Tigre de Cestona.
Las rosas.
Suelto como una rosa, Robredo cosecha el gran éxito de su vida entre las rosas frescas de Hamburgo. El precioso club hamburgués se llama Rotherbaum: árbol de rosas, rosal. En alemán, si dices "en Rothenbaum", el nombre del club declina así: Am Rothenbaum. Cambia una letra, r por n. Allí, José Higueras y Joan Aguilera sentaron cátedra.
Y las rosas de Hamburgo ya no tenían espinas para Robredo: sin Nadal, Federer, Hewitt, Nalbandián... y con el refuerzo de Reque en una ciudad civilizada, de suave clima otoñal. Entre rosas. Am Rothenbaum.
Lo de menos para el feliz Robredo era arrollar al gris, triste Stepanek: lo había hecho en tres duelos anteriores, uno en circunstancias tan angustiosas como en Brno 2004, el dramático Chequia-España de Copa Davis. De Nadal...
Stepanek fue una golosina para la solidez de Robredo, a quien Reque sugirió: "Si ganas, haz algo original, no te tires a la tierra, como hacen otros: quítate el polo". Eso hizo Robredo, tras la faena a Stepanek. Ganó su primer Masters Series y, ante Aguilera, sucedió a Federer. Todo original. ¿Se hubiera tirado Nadal a la tierra roja de Hamburgo? Quizá lo hablen en Roland Garros.
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La clave del partido fue la paciencia que tuve. Jugué más largo que Radek Stepanek. Más que golpes fuertes, ejecuté golpes profundos que me permitían desarrollar más mis virtudes. La final fue dura, más de lo que refleja un marcador a tres sets. Stepanek luchó hasta el final, especialmente en el tercer set. Que haya ganado hoy (por ayer) no significa que vaya a ganar cada partido o que gane en París, pero esto sí quiere decir que estoy en buena forma. De Hamburgo me voy muy contento, porque además vuelvo a entrar en el Top-Ten, pero ahora toca preparar Roland Garros, que está a la vuelta de la esquina (comienza el domingo próximo). Ya puedo presumir de tener una chapa de un Masters Series. Pondré el trofeo detrás de mi televisión de plasma, en la sala de estar, y le diré a Carmen (la señora que cuida de su casa) que lo limpie cada día".