"Luchar, buscar, hallar y no rendirse jamás"
El director de 'Al Filo de lo Imposible' conmovió a los asistentes al Foro con su filosofía de vida y la de su equipo. "Mi madre me lo decía: hay que echarse la vida a la espalda". Sebastián Álvaro en estado puro. La aventura contada por uno de sus protagonistas.

Tiene el mentón de un hidalgo y un rostro que encajaría bien sobre una gola o sobre un apóstol, pero ni siquiera eso le distingue de una persona normal. Buen disfraz, porque Sebastián Álvaro (Madrid, 1950) no es normal, es excepcional: un aventurero. Pero incluso es más que eso, ya que no se trata de un Alatriste solitario, sino de un divulgador, más parecido en ese sentido al profesor Jones, Indiana.
Sebastián Álvaro también ejerce como director del programa de TVE Al Filo de lo Imposible, que no queda claro si es la excusa para las aventuras o el motivo de las mismas (así, imaginamos, debía funcionar la Royal Geographical Society, motor y aliento de los míticos exploradores británicos). Con esa bandera viaja por el mundo en compañía de otros como él, que los hay, inconformistas, atrevidos, soñadores, flores de exterior, en apariencia normales si no fuera por el bronceado, la camiseta de algodón y la barba de diez días, el uniforme perfecto para salir corriendo hacia el desierto o la tundra, según.
En la personalidad poliédrica de Sebastián Álvaro también cabe un rendido madridista y un fabuloso orador, condición imprescindible para quien debe convencer de que lo improbable es posible; primero a su equipo, fácil, y luego, más arduo, a quienes manejan los presupuestos, que suelen ser, por definición universal, más agarrados que un chotis.
Que lo improbable es posible lo demuestra que el programa, que ha cumplido 25 años, cuenta con una fiel audiencia de un millón de espectadores y que Al Filo ha sido fundamental en el desarrollo del alpinismo y la aventura en nuestro país.
Sebastián Álvaro, Sebas, participó ayer en el Foro Ferrándiz-AS, en la serie de intervenciones que celebran los diez años de este Diario como parte del Grupo Prisa. Y en lugar de un discurso, más o menos ameno, Sebas hizo una demostración de seducción colectiva. Acompañado de las imágenes de algunas de sus aventuras nos dio una vuelta por su mundo, tan intensa que aún nos dura el jet-lag.
Empezó por la tumba de Shackelton (1874-1922), isla de Georgia del Sur, círculo polar antártico. Allí, su lápida reza: "Un hombre debe estar dispuesto a luchar por lo que más desea en la vida".
Y lo más que deseó Shackelton fue atravesar el Polo Sur, desafío que se propuso en 1914 y para el que buscó ayuda en los periódicos de Londres con este anuncio: "Se buscan hombres para viaje arriesgado. Paga pequeña, mucho frío, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, dudoso retorno. Honor y reconocimiento en caso de éxito". Hubo 5.000 peticiones, pero sólo 22 elegidos.
Ese arranque sirve a Álvaro para explicar que el 1% de nuestro mapa genético, lo único que nos distingue de los chimpancés, está formado por nuestra capacidad para vencer el miedo, para ser curiosos, para aceptar el riesgo. "Luchar, buscar, hallar y no rendirse jamás', ese era el lema de Shackleton. Su barco se llamaba Endurance (Resistencia). Yo comparto esos ideales. 'Hay que echarse la vida a la espalda', me recordaba mi madre".
Shackelton se quedó atrapado en el hielo y su aventura, repleta de penalidades, duró tres años. No logró cruzar el Polo, pero no perdió a uno solo de sus hombres.
En el año 2000, Al Filo de lo Imposible cruzó Groenlandia en catamarán, arrastrados por velas. "Nos dio la idea observar cómo unos niños jugaban con cometas en un parque. Ese mismo año, atravesamos el desierto de Taklamakán y en 2004 el desierto líbico. Siempre he pensado que lo que hacemos es deporte, por eso me encanta participar en AS y en El Larguero. Es deporte, pero también es algo más: un intento de ver más lejos".
Otro explorador británico, Scott (1868-1912) no tuvo la suerte de Shackelton. Después de una durísima travesía, llegó al Polo Sur un mes después de que lo hubiera hecho el noruego Amundsen. En el camino de vuelta, Scott y sus compañeros murieron congelados a 20 kilómetros de la base. "En el deporte, la imperiosa necesidad de vencer nos hace perder de vista otros valores. Hay que saber ganar y saber perder, y lo conocen bien los alpinistas, muchas veces derrotados por las montañas, y cuando ganan, sin apenas tiempo para disfrutar del premio, la cumbre, no más de quince minutos, porque todavía tienes que bajar, ya que esa es la otra mitad del trabajo: llegar vivo".
En 1924, George Mallory y Andrew Irvine se perdieron en la niebla cuando afrontaban el tramo final de la ascensión al Everest, a 200 metros de la cumbre. Nunca regresaron y jamás se supo si alguno de ellos hizo cumbre 29 años antes de que lo consiguieran Edmund Hillary y su sherpa Tensing Norgay. En el año 2000 Al Filo rememoró la ascensión de Mallory e Irvine con la vestimenta de la época.
Historia.
"No hay aventura como el Descubrimiento de América. La siguiente gran aventura fue la exploración de Africa y Asia Central por los británicos. Me hubiera gustado nacer hace 100 años", asegura Sebas, que insiste en la importancia del equipo: "Al Filo es, sobre todo, un equipo". Buena gente y gente buena, "con la que te puedes ir a cualquier lugar del mundo".
El día que lo descubran esas empresas que dan conferencias a directivos sobre los beneficios del trabajo en equipo se convertirá en millonario y cuando se vea ante ese futuro tan halagüeño, probablemente dirá que no, que se va a un desierto o a la tundra.
"No es el planeta el que está en peligro, es nuestra especie"
Preguntado por una joven por lo que se siente al hacer cumbre, Sebastián Álvaro lo compara con "la primera vez que te enamoras". Sin embargo, a pesar de tan estupenda sensación, Sebas niega que el peligro y la adrenalina provoquen adicción. "Crea adicción la forma de vida que llevamos. Crea adicción estar fuera de un país tan aburrido y tan previsible como este. Cuando me voy veo que en las portadas de los periódicos se habla del Estatut, del plan Ibarretxe y la crisis de Ronaldo; cuando regreso dos meses después las noticias siguen siendo el Estatut, el Plan Ibarretxe y la crisis de Ronaldo...".
Tal vez esa necesidad de evasión explique que cada vez sean más quienes se escapan a la montaña. "En mi opinión, la recuperación de la aventura en España ha coincidido con la recuperación de la democracia. Y ya estamos entre los mejores: hace sólo dos años, de las doce personas que habían completado los 14 ochomiles, dos eran españoles".
"Mi madre me decía: yo tengo tres hijos normales y el cuarto, que eres tú. No sé, pero desde los nueve años me gustaba caminar por el monte. Caminar es lo más sano que hay, no tiene contraindicación alguna y es la mejor forma de descubrir los paisajes".
La naturaleza es la gran preocupación de Sebastián Álvaro: "Estamos destrozando la naturaleza y hemos sobrepasado todas las señales de alerta. Se comprueba en la salud de los hielos, que retroceden. No es el planeta el que está en peligro, es nuestra especie".
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Compromiso y perseverancia son claves en su vida. Y motivo de admiración a los demás. "De los deportistas españoles de ahora me quedo con Nadal. Me asombra su capacidad para sobreponerse, para echarse la vida a la espalda en los momentos difíciles". En el Madrid, en su Real Madrid, encuentra menos razones para el elogio: "Si yo fuera presidente, y no me postulo, me pondría a trabajar como Mallory, como Amundsen".
Confirmado: después de escuchar hora y media a Sebastián Álvaro dan ganas de enrolarse en un ballenero. Otra opción, menos traumática, es ver el próximo capítulo de Al Filo de lo Imposible.