Yo digo | Jesús Mínguez

Luego París, Londres y Nueva York

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
Actualizado a

Noticias relacionadas

Visto lo visto, sería disculpable que Roger Federer huyera como viento que lleva el diablo de los bíceps de Rafa Nadal. Un músculo que no se cansa de devolver las bolas sobre las pistas de tierra. Pero el suizo, que ya tiene en las vitrinas de su casa los trofeos de Wimbledon, US Open y Abierto de Australia, tiene entre ceja y ceja ganar Roland Garros. Y para ello su único obstáculo es Rafa Nadal. Y eso le enerva y le motiva. Hacerse la foto bajo la Torre Eiffel con sonrisa de ganador es la única instantánea que no tiene en su álbum de fotos y es la que busca con más ahínco. Por eso este año se ha tirado seis meses alternando entrenamientos sobre tierra y sobre pista rápida. Por eso ha recurrido a los consejos de Tony Roche, un viejo zorro acostumbrado a pulir los defectos de los campeones. Para alguien que a su edad (24 años) ya lo ha ganado casi todo sería fácil dejarse llevar, pero él sabe que no será considerado uno de los más grandes (si no el que más) si no triunfa en Roland Garros.

Por eso se agarra con uñas y dientes a los partidos en tierra. Como demostró contra Almagro y también ayer frente a Nalbandián, una de sus bestias negras. Sabe que si hoy cae con Rafa Nadal tendrá casi perdido también Roland Garros. Porque este año el de Manacor le ha golpeado en dos finales. Una tercera caída sería demasiado. Federer sabe que tiene enfrente al único tenista que amenaza su reinado. Y el español mira también de reojo a Wimbledon y a las pistas duras del US Open.

Te recomendamos en Polideportivo