Su maestro fue el de Montgomery y Marion
El anterior récordman contraataca hoy en Santo Domingo.

Justin Gatlin es fundamentalmente un atleta muy competitivo que ahora también se ha revelado eficaz en la lucha contra el crono. No olvidemos que hasta ayer mismo era tan sólo el sexto de las listas mundiales de todos los tiempos, a pesar de haber ganado el título olímpico en Atenas 2004 y el oro mundialista en Helsinki 2005. Nació un 10 de febrero de hace 24 años en Brooklyn (Nueva York) y en la high school de Woodham su primer amor fueron las vallas, donde brilló en edad júnior, hasta el punto de ser campeón de Estados Unidos. También tuvo otros amores menos recomendables y más peligrosos: dio positivo en 2001, el año en que ofreció su primer gran paso al frente en la velocidad pura, y fue inhabilitado para competir internacionalmente, pero más tarde la IAAF tuvo clemencia y le rehabilitó en julio de 2002. Al año siguiente ya rompió la barrera de los 10 segundos, mientras estudiaba en la Universidad de Tennessee. Actualmente vive en Raleigh, en Carolina del Norte, y vuelve a tener ciertas amistades peligrosas, porque se entrena con Trevor Graham, el mismo técnico que dirigió al estrellato a Marion Jones y al padre de su hijo, Tim Montgomery. Éste batió un récord mundial de la mano de Graham, posteriormente anulado por dopaje. Aquellas relaciones con los laboratorios Balco... Por cierto, que Trevor Graham fue quien levantó la liebre, con el envío de cierta jeringuilla a cierto jurado antidopaje estadounidense. Siempre que gana, y es muy a menudo, Justin Gatlin se arrodilla en la pista y da gracias al Dios de los cristianos, como Hicham El Guerrouj agradecía sus éxitos a Alá. El chico de Nike es una persona sencilla y nada fanfarrona, de forma que cuando dijo que iba a batir el récord de 100 no ofreció una baladronada cualquiera, sino la constatación de un hecho que iba a producirse. No es especialmente alto (mide 1,85), pero sí es bastante potente, sin llegar a los extremos de Ben Johnson. Corre con buena técnica y amplia zancada, pero sin la exquisitez de Carl Lewis. Aunque es el más veloz.
