El Ciudad Real topó con una oposición inesperada
El Portland, mermado físicamente, forzó la prórroga

Pues sí, el Portland estaba más que dolido con el repaso que sufrió en la final de la Champions, y el Ciudad Real tampoco estaba por practicar la cortesía del regalo, que para eso es el favorito. De ahí que el buen rollito entre los jugadores de ambos equipos, relacionados por infinidad de afinidades, se fuese diluyendo, con roces, con enfrentamientos, con cabeza contra cabeza, con la sangre caliente. Rutenka, por ejemplo, ya no estuvo en la prórroga (expulsado por tirarle el balón a Lozano).
Fue un choque entretenido, como tenía que haber sido la final europea. En las peores condiciones físicas posibles el Portland resultó competitivo. Rocas se acopló al lateral derecho y Balic ejerció de líder; todos acompañaron a la causa, con especial mención para Carvajal. El Ciudad Real no encontraba la manera de engrasar su maquinaria. Quería, pero no mantenía la velocidad de crucero de hace dos semanas. La defensa 5-1 estaba vez no le servía y Balic sí conectaba con todos.
Por un momento los del cuadro navarro se sintieron optimistas (28-25) porque estaban dando una réplica insospechada. No les duró mucho. Un parcial de 0-4, con Davis de protagonista, cambió otra vez el panorama. Hubo prórroga (dos tiempos de cinco minutos), y el Ciudad Real no perdon se aprovechó de una superioridad para sentenciar (30-33) y los otros cinco minutos sobraron. Tres goles de desventaja eran definitivos. El Portland había peleado; el Ciudad Real, también: pasa a las semifinales sufriendo, y eso endurece.
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