Béisbol | Gran clásico

Cuba revoluciona EE UU

Juega hoy la final del Clásico 'de los profesionales' en suelo yankee

El béisbol levanta pasiones e Cuba.
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Lunes 20 de marzo de 2006, Año de la Revolución Energética en Cuba y quizás el de la Revolución beisbolera. Petco Park de San Diego. Costa Oeste de EE UU. Nueve de la mañana (hora española). Cuba se mide a Japón en la final del Clásico. Las entradas se agotaron hace meses, pero no estarán los EE UU, los profesionales, los favoritos... "Nos duele porque queríamos medirnos a los yankees en su terreno", advierte desafiante Higinio Vélez, seleccionador cubano.

Hoy la estrella revolucionaria que gobierna la bandera cubana ondeará imperial en suelo capitalista. Los cubanos llegan a la final tras derrotar a los dominicanos de Pujols, Tejada y compañía. La semifinal se decidió en la séptima entrada con tres carreras cubanas (Gourriel, Reyes y Tabares).

El pitcheo. Otra de las claves fue el pitcheo del camagüeyano Vicyohandri Odelín y el santiagués Ormaro Romero, que desquiciaron a los bateadores rivales con sus bolas movidas en las esquinas y unos directos que rondaron los 140 kilómetros por hora.

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El periódico Gramma, órgano oficial del comité central del partido comunista de Cuba, concluía su crónica recordando: "A pesar de que el calendario estaba hecho 'con la mano' para que EE UU llegara a la final, se dará una final entre Asia y el Caribe. El béisbol no cree en mitos".

Instantes después de concluir la semifinal, una salva de cañonazos saludó el triunfo en el Malecón habanero. La gente se echó a la calle y toda Cuba, desde Pinar del Río hasta Guantánamo, celebró el triunfo de los compatriotas. Fidel Castro sueña con hacerse con este título por las circunstancias del torneo: primero con jugadores de las Grandes Ligas, que además se celebra en suelo yankee. El profesionalismo quedó erradicado en la Isla con la instauración del comunismo, 1959, algo que no ha impedido a Cuba ganar tres medallas de oro olímpicas desde Barcelona 92, 25 de las 28 Copas Mundiales y nueve de las 12 Intercontinentales. Pero ésta es la cita más importante de su historia. Bush no verá ondear la bandera cubana en San Diego porque canceló su viaje tras caer EE UU, mientras que Fidel despidió a su equipo con las palabras del Ché: "¡Hasta la victoria, siempre!".

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