Atletismo | Mundiales de pista cubierta en Moscú

Las chicas se cuelgan las medallas en Moscú

Beitia, bronce, sigue a Alozie en el podio, y Montaner es cuarta

<b>SALTO DE BRONCE. </b>Ruth Beitia durante la final de salto de altura, en la que consiguió la tercera posición con un mejor salto de 1,98 m.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Las españolas de Moscú, las españolas del Olimpiysky, abrillantaron el raro talento predictor del presidente Odriozola y, de tanta brillantez, casi se lo arruinan. Odriozola pronosticó dos medallas españolas bajo el techo ex soviético del Olimpiysky: fueron la plata de Alozie y el bronce de Ruth Beitia. Pero Concha Montaner acarició la plata durante dos minutos de tensión. En sólo dos saltos, los últimos de Gomes y Madison, la medalla de Montaner, con su rutilante marca de 6,76 metros, se quedó enterrada en la arena del cuarto puesto.

Medalla enterrada, pero no perdida. Desde ayer, Montaner ya sabe que puede valer una medalla europea al aire libre y templado de Suecia, en agosto. En ese proceso de maduración se embarcó Ruth Beitia cuando fue subcampeona de Europa en Madrid 2005. Con esa confianza y con la experiencia de algún fallo, como en el Mundial lluvioso de Helsinki, Beitia salió dispuesta a cortarle las orejas a las medallas de Moscú.

Saltó sin fallo hasta los dos metros, su marca personal y su récord de España. Si la rusa Yekaterina Savchenko hubiera fallado su tercer intento sobre 1,98, Beitia se habría asegurado el podio justo ahí. Y se habría quedado seleccionando metales, a solas sobre dos metros, con Slesarenko, oro olímpico en los Juegos de Atenas 2004, y con Vlasic, interminable vampiresa croata.

Pero Savchenko pasó 1,98 al tercer intento y presionó a Beitia. Curiosamente, Slesarenko casi derrapa bajo los dos metros. Pasó a la tercera. Entre la plata, el bronce y la nada, la emoción iba devorando a Beitia.

Al fin, Slesarenko, una escultura viviente, un poco demasiado perfecta para ser real, pasó los dos metros, rumbo al título, que cerraría con 2,02.

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Y, como Savchenko se quedó en esos dos metros, Ruth Beitia, firmó el bronce por menor número de nulos. Entre alguna lagrimita de emoción: cálido contraste con Slesarenko, belleza inquietante que llegó a pedir silencio al público. Ganó Slesarenko, pero quizá su espacio natural sean las pasarelas de Armani o Dolce&Gabbana, en Milán, y no las escuelas semisoviéticas de Volgogrado.

El lugar de las españolas en Moscú está claro: el podio. O muy cerquita de él.

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