Rugby | Seis Naciones

Berbizier obligó a Francia a jugar pateando una hora

Castaignede rescató a los galos

<b>EL ABRELATAS. </b>Castaignede abrió el cerrojo de los italianos.
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Berbizier ha nacido para dirigir a Francia, selección a la altura de su inteligencia táctica. Su Selección. Pero antes de que ocurra, llenó de barricadas París, cobrándose como víctima a Frederick Michalak. El Maestro, presunto en los últimos gatillazos galos, no supo desactivar el pressing italiano. Encima, Pez ejerció de sicario despiadado: tres golpes y un drop estratosférico desde 40 metros. Bagaje suficiente para sujetar a Italia tras el ensayo de Lievremont después de una inteligente patada de Elissalde.

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Comieron perdices

. Los nervios afloraron en los locales en la segunda parte. Dos patadas deficientes de Rougerie y Traille arrancaron los pitos de "los burgueses" de la grada. El empuje francés era trabado por los de Berbizier con infracciones, lo que provocó que Francia prefiriera la prosa de Yachtvili (patadas a palos) a la poesía de Michalak (juego a la mano). La Italia de Berbizier obligaba a Francia a jugar al pie. Un triunfo, un síntoma. Pero llegó al rescate Castaignede, viejo conocido de Berbizier criado en la escuela del rugby de champagne. Petit Boni, que regresaba al XV del gallo, desarboló a la zaga italiana con dos diagonales finalizadas con ensayo. Al final, Michalak se reconcilió con el rugby (con un ensayo postrero); Bernard Laporte, con la afición y Berbizier, con todos. Y fueron felices y comieron perdices.

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