Tenis | Open de Australia

Federer no falló y acabó con el sueño de Baghdatis

El suizo no ha perdido en ninguna final de Grand Slam

<b>LÁGRIMAS. </b>Federer lloró, algo que no hacía desde Wimbledon 2003, mientras Rod Laver le observaba.
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Rod Laver, que algo debe saber de esto porque es el único que ha ganado dos veces los cuatro Grand Slams en un año (1962 y 1969), lo tenía más que claro antes de la final del Open de Australia: "Es extraordinario cómo juega Federer en las finales. No apostaría en contra de él".

El suizo no dejó mal al mítico tenista australiano, quien le entregó, sobre la pista que lleva su nombre, una copa que en la peana ya figuraba inscrito "Roger Federer" junto al año 2004. Acababa de ganar por 5-7, 7-5, 6-0 y 6-2 al atrevido Marcos Baghdatis. Y el inmutable número uno, el rodillo que domina el tenis, se echó a llorar como una magdalena. "Ojalá comprendan lo que significa esto para mí", acertó a decir después de alzar el trofeo. Federer pareció humano, no aparentaba ser el mismo que unas horas antes Laver había descrito como una máquina que no perdona: "En el momento en que su rival comete un error, él pasa a dominarlo porque tiene una gran visión de la cancha. Su cobertura de la pista es inusual y muy agresiva".

Tampoco parecía ser Federer el tenista que perdió la primera manga por 5-7, que dejó crecerse a Baghdatis y a su cuadrilla de ruidosos fans hasta colocarse con 2-0 a favor en el segundo set. Pero a partir de ahí el de Basilea afinó sus saques y dio recorrido a la derecha para inclinar de su lado el partido. El chipriota vio cómo se le venía el huracán encima y los calambres aparecieron en unas piernas que llevaban demasiados kilómetros y demasiadas emociones encima. Cometió errores y perdió la concentración y eso, como un viejo zorro había advertido, Federer no lo perdona.

En finales de Grand Slam, nadie ha dado con la llave para ganar al suizo, que ha ganado todas las que ha disputado: dos en Australia (2004 y 2006), dos en EE UU (2005 y 2005) y tres en Wimbledon (2003, 2004 y 2005). Siete grandes con 24 años, tres de ellos seguidos. Sampras ganó 14 y se retiró con 31 años. "No apostaría contra él", recuerda Laver.

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Marcos Baghdatis ha lanzado su candidatura al estrellato tras derrotar a tenistas como Roddick, Ljubicic y Nalbandian con 20 años. Llegó Australia como número 54 del mundo y sale de ahí en el 26, pero sobre él pende la amenaza del servicio militar. Todos los chipriotas (una isla con una parte independiente de mayoría griega y otra controlada por Turquía) tienen que realizar dos años de mili a la edad de 18 años. Baghdatis la ha evitado con prórrogas y ahora un clamor popular pide que le retrasen la llamada a filas hasta los 35. "Si tengo que hacerlo después de mi carrera, lo haré por mi país y por mi gente, que merecen respeto", indicó ayer el jugador, que reconoció que en la final cometió "muchos errores; necesito dos días para volver a sonreír".

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