Tenis | Martina Hingis

Hingis regresa a la élite tras tres años sabáticos

Martina Hingis
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Martina Hingis (30-9-1980, Kosice, Eslovaquia) deja entrever en su rostro de niña los surcos de quien ha vivido muy, muy deprisa. Ayer, en la pista Vodafone Arena de Melbourne Park, refrendó su regreso a la élite tras ganar a la australiana Samantha Stour por 6-1 y 7-6 (10-8). Hingis, la niña que creció demasiado deprisa y empujada por el vértigo tuvo que parar, ya está en cuartos.

Llevaba tres años alejada de la locura del circuito, un mundo en el que últimamente pesan más los músculos de las Williams (Navratilova dice de ellas que "se ganarían bien la vida en el circuito masculino") y los centímetros de Sharapova que el juego de muñecas. Se retiró al final de la temporada 2002, con sólo 22 años pero tras ganar tres Abiertos de Australia, un Wimbledon, un US Open, haber caído en una final de Roland Garros y haber permanecido 209 semanas (no consecutivas) en el número 1. La niña que no tuvo infancia, a la que su madre, la entrenadora Melanie Molitor, puso antes entre sus manos una raqueta que una Barbie y la bautizó Martina en honor a Navratilova, sonrío y resopló con ganas tras aprovechar su cuarta bola de partido. "Aquí estoy otra vez", parecía mascullar. Ahora la espera Kim Clijsters, una prueba de fuego para calibrar sus posibilidades reales en un torneo en el que la suiza nacida en Eslovaquia ha dejado en la cuneta a Zvonareva, Laine, Benesova y Stour.

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Martina no ha vuelto al tenis para ser una comparsa. "Cuando una ha sido número 1 mundial, la segunda plaza no tiene valor", ha declarado. Atrás han quedado también graves problemas en sus pies que le hicieron pasar por el quirófano, la última vez en 2001. Durante los tres años sabáticos que se ha tomado, Hingis ha disfrutado de la vida. Antes de los 22 años ya tenía un amplio historial de novios: el tenista español Julián Alonso y otros compañeros como Magnus Norman, Ivo Heuberger, un abogado e incluso el golfista Sergio García. En estas tres temporada en blanco permaneció más tapada. "Nunca he dejado de jugar, pero el primer año disfruté de la vida sin estrés. El segundo, busqué patrocinadores y ocupaciones (fue comentarista de televisión, por ejemplo) y el tercero trabajé mi juego con mi madre y, sobre todo, mi físico", desveló en L'Equipe.

Y es que esta chica de 25 años, que debutó como profesional con 14 primaveras y ganó su primer Open de Australia con 16, tiene claro que para estar arriba, para volver con las mejores, no le basta sólo con pegarle bien a la bola: también debe atizarle más fuerte. "Soy demasiado pequeña frente a esos monstruos que me sacan dos cabezas", advirtió antes de tomarse el largo descanso. Ahora, esta veterana de 25 años ha vuelto. Que sea para largo.

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