Marion Jones es ahora la reina de los infiernos
De estrella mundial a proscrita camino de la quiebra. Marion Jones vive en Raleigh (Carolina del Norte) rodeada de problemas de todo tipo, en compañía de su hijo Timmy. No ha dado positivo nunca, pero la rodea la sospecha permanente de dopaje por sus relaciones con Balco.

Quiebra económica, desengaño sentimental y separación de Tim Montgomery, sospecha permanente de dopaje, líos en los tribunales con su ex marido, C. J. Hunter, y con el dueño de los laboratorios Balco, Victor Conte; regresión espectacular en las marcas, búsqueda infructuosa de un nuevo entrenador... Marion Jones atraviesa por un infierno, del que quiere salir en 2006. Estas han sido unas Navidades Negras para la que hasta hace poco era la estrella indiscutible del atletismo, y que ahora reina en los infiernos.
Marion ha despedido el año de manera amarga. Según sus allegados, se dedica a vender algunas de sus pertenencias, porque sus ingresos se han reducido a casi nada, atleta maldita como es, y necesita dinero en su cuenta corriente. Nike se ha distanciado de la que hace poco era su buque insignia en el atletismo, porque la imagen de la velocista-saltadora, ganadora de cinco medallas olímpicas en Sydney 2000, está por los suelos. Ha pasado de ser la atleta mejor pagada del mundo, a razón de unos 72.000 euros por carrera en sus mejores tiempos, a convertirse casi en una amateur. Y en una amateur estigmatizada.
Sentimentalmente no le va mucho mejor y vive separada de Tim Montgomery, el padre de su hijo, recientemente sancionado por dopaje. Ella reside en Raleigh, Carolina del Norte, con Timmy, y él en Virginia. El pasado día 13 fue sancionado por dopaje y poco después anunció que abandonaba el atletismo. Nada que ver con la pareja que paseó su felicidad por Madrid en 2002, días después de que Tim batiese el fraudulento récord mundial de los 100 metros (9.78), ahora anulado, y en vísperas de la Copa del Mundo de La Peineta. Él no corrió y ella ganó los 100 metros.
Atléticamente, Marion se entrena por correspondencia con Steve Riddick, que vive en Nordfolk. Fue uno de los mejores velocistas mundiales en los años setenta (10.05 en 1975), oro olímpico en 4x100 en Montreal 1976 y récord mundial del relevo al año siguiente (38.03).
Pero Miss Jones, al mismo tiempo que se entrena con el ex velocista, se ha puesto en contacto con Bob Kersee, el hombre que llevó a la gloria a Florence Griffith en 1988. Y a otros muchos atletas de élite mundial. Bob, que vive en California, le ha dado calabazas, porque, dice, tiene suficiente con su grupo de atletas, en el que destaca Allyson Felix, de sólo 20 años, campeona mundial de los 200 metros en Helsinki 2005 y una de las sucesoras de Jones.
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Además, Marion ha demandado a C. J. Hunter, su ex marido, y a Victor Conte, el dueño de Balco, que la acusan de haberse dopado con productos de este laboratorio. Conte llegó a declarar en la ABC norteamericana que la velocista se dopaba con él antes y después de Sydney 2000, con un cóctel de THG, hormonas del crecimiento, insulina y productos para la fertilidad. Dice que rompió con ella porque tomaba todo esto delante de otras atletas y porque se olvidaba a menudo los anabolizantes en las habitaciones de los hoteles.
Y había que guardar el secreto, claro.
