Músculos de ébano en la lucha senegalesa
Africanos con impresionantes musculaturas miden sus fuerzas en aldeas sin luz, ni agua corriente, por el honor de su pueblo. Pero otros lo hacen en estadios, con TV en directo, con contratos millonarios y patrocinio multinacional. Son las dos caras de la lucha senegalesa.

Musculaturas dignas de haber sido esculpidas por el genial Miguel Ángel prueban su poderío en Senegal, de aldea en aldea, bajo la protección de los hechiceros de la tribu, adornadas con amuletos, bañadas con extraños ungüentos. Es la lucha senegalesa, cuyo origen se hunde en el siglo XIII y que ahora experimenta un curioso renacimiento, gracias a los patrocinadores, al dinero que llega a raudales y a la televisión, que la ha convertido en espectáculo más allá de las tinieblas medievales. Y más allá de Senegal, porque la numerosa colonia de este país en Estados Unidos sigue las competiciones por televisión vía satélite.
La versión clásica de esta lucha arcaica se celebra en poblaciones perdidas en la selva, cuyos habitantes no saben lo que es la electricidad, ni el agua corriente, ni el teléfono, ni las calles asfaltadas. Los luchadores suelen ser de las etnias wolof y mandingas (vivero de esclavos hacia América en el siglo XVI y XVII) y el campeón de una aldea perdida reta al más fuerte del pueblo vecino en lo que es la continuación de una batalla espiritual entre los manabouts, líderes espirituales musulmanes. El honor de los luchadores y de las poblaciones se dirime sobre un ring de tierra y ceniza. Los luchadores tienen una pierna atada simbólicamente a unas argollas clavadas en el suelo.
Hechizos.
Noticias relacionadas
Antes de comenzar el combate, un grupo de mujeres canta una plegaria en honor de dioses remotos, acompañadas por el retumbar de los tambores. Para la pelea, los guerreros se visten sólo con unos pequeños taparrabos y antes de comenzar la pelea, auxiliados por los brujos, desarrollan un ritual mágico que consiste en colocarse amuletos, echarse tierra por todo el cuerpo, rociarlo con aceites diversos y con agua santificada por el chamán. Los senegaleses son mayoritariamente musulmanes, pero casi todos ellos practican el animismo, la creencia en la acción, benefactora o maléfica, de los espíritus de las cosas, los animales y los muertos.
El preliminar dura a menudo más que la pelea en sí, que suele ser breve. Gana el luchador que inmoviliza antes a su rival. Los golpes no están permitidos. El vencedor se convierte en orgullo de su aldea y en una especie de idolatrado semidiós.
