Kipchoge ganó bajo un manto de nieve artificial
Eliud Kipchoge, verdugo de El Guerrouj y Bekele en los 5.000 metros de los Mundiales de París 2003, no tuvo piedad de sus adversarios en la San Silvestre Vallecana y venció con mucha facilidad a pesar de llegar embadurnado a la meta por la espuma de los 'sprays' festivos. El keniano de la tribu nandi batió el récord histórico de la carrera.

Eliud Kipchoge, keniano de la tribu nandi, es negro, evidentemente, pero el último día del año, en la San Silvestre Vallecana, pareció por algún momento haberse convertido en blanco. La culpa, ya se sabe, es de los sprays con espuma festiva, que, a centenares, le rociaron implacablemente, tapándole los ojos, metiéndosele por la boca y la nariz. Pero Eliud, que tiene sólo 21 años, llegó sonriente a la meta. Pudo más la alegría del triunfo que el escozor y la asfixia. Embadurnar a los deportistas, sobre todo a los que van en cabeza, se ha convertido en una tradición, y no de las mejores, en la carrera vallecana.
Kipchoge ganó imperialmente. El hombre que en los Mundiales de París 2003 se permitió el lujo de derrotar en 5.000 nada menos que a Hicham El Guerrouj y a Kenenisa Bekele, no tenía miedo a nadie en la San Silvestre. Es lógico. Corrió en cabeza desde el principio e impuso un ritmo trepidante que sólo aguantaron unos pocos atletas, los que iban a secundarle en la meta. Se cansó de galopar en grupo y en la Plaza de Neptuno demarró implacablemente y puso metros por medio en un santiamén. La suerte estaba echada.
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Eliud corría elegantemente, cuesta abajo, sabedor que al final del camino le esperaban dos kilómetros con rampas terribles y calles estrechas. Aunque no había corrido nunca en Madrid, sabía lo traicionero que era el recorrido. Pero si no tenía miedo a los rivales, tampoco lo tenía a las cuestas. Los espectadores, que se congregaron en número aproximado a los 200.000 a lo largo del recorrido, le hicieron pasillo estrecho en las rampas vallecanas, y algunos, bastantes, probaron la puntería en su cara con los sprays.
Ganó de calle y batió por 29 segundos (una barbaridad) el récord de la prueba, que tenía desde 1999 el británico Jon Brown. Tampoco le tenía miedo Kipchoge a esta nieve artificial, irritante y molesta, que le pintó de blanco. Estaba avisado de que las cosas iban a ser así y pareció no importarle demasiado que su negra piel cambiase de color y que sus ojos enrojecieran. Él se lo pasó en grande y disfrutó con el espectáculo.
