Atletismo | Dopaje

'Operación récord de 100': así crearon a Montgomery

Un químico, dos técnicos y un culturista, en la trama

<b>RÉCORD FANTASMA. </b>Montgomery posa con el marcador que señala la plusmarca ahora invalidada.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Un químico, dos entrenadores y un culturista se conjuraron en 2000 con un solo objetivo: crear gracias al dopaje al hombre más rápido de la historia. El químico era Victor Conte, propietario de los laboratorios Balco; los entrenadores, el estadounidense Trevor Graham, técnico que encumbró a Marion Jones, y el canadiense Charlie Francis, que preparó a Ben Johnson, otra creación de los anabolizantes; y el culturista, el serbio Milos Sarcev, que en la trama, presumiblemente, era el necesario traficante de esteroides.

Faltaba el conejillo de Indias, y se decidió que fuera Tim Montgomery, un atleta que había corrido en 1997 en 9.92, pero que desde entonces se había estrellado contra la barrera de los diez segundos. Y lo que no faltaba era el arma secreta, la pócima milagrosa: un anabolizante sintético diseñado por Conte que escapaba milagrosamente a los más exigentes controles antidopaje: la Tetrahidrogestrinona (THG). Y la operación se puso en marcha con el objetivo de que Montgomery corriese lo más pronto posible los 100 metros al menos en 9.78, una centésima por bajo del récord mundial de Mo Greene.

Desde marzo de 2001 Tim Montgomery utilizaba THG, pero faltaba la constatación empírica de que era indetectable en su organismo. Se obtuvo en el verano de ese año, cuando recibió una felicitación de la Federación Estadounidense porque había pasado los controles antidopaje en las pruebas selectivas para los Mundiales de Edmonton.

Y comenzó la progresión de Montgomery, que en ese 2001 corrió tres veces por debajo de sus 9.92 anteriores, hasta terminar el año en 9.84, segunda mejor marca de la temporada tras Mo Greene, único que pudo batirle en el Mundial de Edmonton.

Ese registro le colocaba ya como el segundo mejor sprinter de siempre... pero no era suficiente, evidentemente. Se trabajaba para que fuera el número uno.

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Y ese objetivo se alcanzó, por métodos detestables, el 14 de septiembre, en París. Tim corrió en 9.78, dejando atrás al británico Dwain Chambers (9.87, récord europeo igualado), otro cliente de Balco, que, como Montgomery, iba a ser cazado posteriormente.

Tim ha sido castigado con dos años de suspensión y con la anulación de sus marcas desde marzo de 2001, récord mundial de 100 metros incluido. Fin de la trampa.

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