Ciclismo | Huracán

Wilma destrozó la luna de miel de Toni Colom

El ciclista del Illes Balears sufrió los efectos del huracán en Cancún

<b>INOLVIDABLE. </b>Toni e Irene posan antes de la llegada del huracán Wilma, la luna de miel se transformó en un viaje de supervivencia.
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La luna de miel de Toni Colom, ciclista malorquín del Illes Balears, terminó en un viaje de supervivencia por culpa del huracán Wilma, que pilló de lleno su estancia de una semana en Cancún (México).

Toni y la madrileña Irene García se casaron el 15 de octubre. Un día antes compraron los billetes de un viaje programado para recorrer la Riviera Maya. "Por entonces ya se sabía que el huracán iba a llegar en esas fechas, pero en la agencia de viajes (Soltour) no nos avisaron", cuenta el ciclista, que se enteró de las previsiones ya dentro del avión. "Nada más aterrizar pedimos un vuelo para volver a España, pero la agencia nos dijo que al ser un vuelo chárter debíamos volver el día programado".

Encerrados

. Llegaron el 17 y ya se empezaban a notar los efectos del huracán Wilma que estalló en la noche del día siguiente. "Estuvimos tres días encerrados en la habitación, sin agua, sin luz, sin teléfono, sin comida. En las primeras 36 horas sólo pudimos comer dos sandwiches y una manzana entre los dos. Estábamos en la planta baja y el viento pegaba de lleno en nuestra puerta, que quedó medio forzada a pesar de que había mamparas para cortar el viento. Tuvimos que atrancarla con un mueble para que no se la llevara y, aún así entró agua", cuenta Colom.

A los tres días el huracán remitió su fuerza, pero la pesadilla no acabó. "Nos aventuramos a salir para buscar comida y agua, pero los empleados del hotel nos dijeron que no había. Al tiempo algunos descubrimos provisiones en una habitación y nos las repartimos".

"Lo peor no fue el huracán, que al fin y al cabo es un accidente, sino el trato que nos dieron los empleados, que se reían de nosotros y nos engañaban diciéndonos que no tenían comida, cuando veíamos que algunos estaban borrachos. Y algunos si que pasaban comida, pero a precios abusivos. Un americano pilló por las solapas a un empleado y le dijo que si no le traía comida para sus hijos pequeños le partía la cara. A los veinte minutos volvió con leche y cereales. También hubo turistas que se pegaron por los nervios".

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A los cuatro días lograron viajar hasta Tulum para comprar alimentos en un supermercado. "Gracias a un chico que no era del hotel y nos llevó. Fue el momento en que pasamos más miedo, pues las tejas aún volaban y sabíamos que había asaltos y saqueos. Fuimos en un grupo de diez y por suerte no hubo problemas".

Volvieron el 25, el día programado, no sin vivir otras escenas dantescas (esperas, nervios, peleas) en el aeropuerto.

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