Paseo de Young Tiger
Excepcional jornada en la reapertura del hipódromo de Madrid con 5.500 personas en la grada. El caballo francés Young Tiger ganó por ocho cuerpos el Gran Premio. El próximo domingo, más espectáculo.


Por fin se abrieron los cajones de La Zarzuela, se escuchó el estruendo de los galopes y volvieron a tronar los gritos de entusiasmo de las más de 5.500 personas que se entregaron al caballo, al ganador, fuera quien fuera.
Del mismo modo que Camprodón pasó a la historia por ser el primer caballo que ganó en 1941 en el estreno de La Zarzuela, Diurno ya tiene espacio en la gloria por ser el primer vencedor del hipódromo en el Siglo XXI. El potro entrenado por Ovidio Rodríquez ganó de punta a punta con la monta del colombiano Jesús Machado una carrera accidentada, en la que el portugués Cerqueira se cayó en la recta del río. Tuvo que ser hospitalizado.
Fue el inicio de la colosal tarde de éxito que el destino le tenía reservada a Ovidio Rodríguez, uno de los preparadores que más luchó por la reapertura del hipódromo madrileño. Ovidio dobló victoria con Cachets y la triplicó con Locker, ganador en precioso final mano a mano con Kahyava.
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La lluvía había ablandado la pista los días anteriores, pero no fue excusa para el descalabro de algunos de los favoritos. Simplemente, el trazado de Madrid es mucho más selectivo que cualquier otro de España y sus últimos 500 metros, cuesta arriba, requiere llegar con los pulmones llenos. El repecho fue un muro para muchos y ahí se quedaron clavados Morwen, Hamahiru, Catbird y casi todos los caballos llegados de Mijas, a los que la recta de La Zarzuela se les hizo un nudo. Madrid puso a cada uno en su sitio.
El que no falló fue Young Tiger, caballo que viajaba de Francia con preparador y jockey francés sólo para exhibirse en el Gran Premio. Lo había avisado su propietario, Javier Gispert: "Traigo a Young Tiger como homenaje a la reapertura". Y así fue, el joven tigre corrió en espera dejando el desgaste a Oceaninternacional, Tunduru y Toledo, al llegar a la Curva de El Pardo decidió progresar y uno a uno fue engullendo a su rivales hasta plantarse solo en la recta final. Sólo le faltó saludar a su paso por delante de la tribuna. Llevaba razón Javier Gispert, fue un homenaje, y una exhibición.