Yo digo | Javier Hernández

Cuando ser feliz era ser Carudel

Javier Hernández
Redactor en el Diario AS desde 1992. Presentador, narrador y comentarista de Turf en TVE durante 16 años (2005-2021). Autor del libro 'Atleti somos nosotros'.
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Fernando Savater, mi filósofo de cabecera y el aficionado más ilustre, e ilustrado, de las carreras de caballos, tiene escrito: "Carudel, mi unico ídolo. Mucho más importante que cualquier premio Nobel". Si lo dice Savater no voy a gastar ni una sola línea en loar a Claudio porque jamás le superaré. Pero sí puedo contar lo que significó el Rubio de Oro. Hijo de jockey y preparador, Ángel Hernández, (cómo te echaré de menos hoy, papá), mi infancia fue el patio de La Zarzuela, ese jardín en el que todos los domingos jugaba a ser jockey. Para mí el fútbol sólo era ese deporte por el que no entendía cómo algunos se iban tras la quinta carrera, el Gran Premio. Felices por dejarnos más sitio, los niños organizábamos nuestra peculiar carrera siendo jockeys sin montura y con una rama de seto por látigo. ¡Cuántas veces fui Carudel!

Porque Carudel ha sido el jockey que más carreras ha ganado en España: 1.457. Para quien le parezca poco, igualarle supondría ganar las cinco carreras de cada jornada todos los domingos del año (52) durante seis años. Carudel fue tan grande que la grada no animaba a su caballo, sino que gritaba ¡vamos Claudio! Hace tiempo, en Aintree, hipódromo donde se disputa el Grand National, tenían a bien hacer desfilar por la pista al triple ganador Red Rum antes de dar la salida. Hoy en Madrid deberíamos sacar a los medios a Claudio y devolverle aquellos momentos de gloria. Carudel, el tenor de La Zarzuela. Mucho más que un premio Nobel.

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