Yo digo | Jesús Mínguez

El enemigo se esconde en casa

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Fue sobre una pista de arcilla roja, la de Stuttgart, un lejano mes de julio de 2004. Lejano porque desde entonces un chaval de 19 años ha hecho girar las manillas del reloj del tenis a una velocidad infernal. Esa tarde fue la última vez que Rafa Nadal perdió con un jugador español. Desde entonces, el tenista de los bíceps de culturista tiene comida la moral a toda la grey ibérica. El que le hizo claudicar entonces se trataba de un tal David Ferrer, que por entonces estaba aún subiendo los peldaños que se suponía iba saltar de dos en dos cuando con 20 añitos, en 2002, ganó su primer y único torneo, en Bucarest.

Por eso, suponiendo que Nadal y Ferrer superen los partidos de hoy, el enemigo de Rafa está en casa. Por eso y por varias razones: porque los golpes a dos manos que noquearon a Puerta en los dos últimos sets olían a pólvora; porque el de Jávea ha conseguido mejorar su saque y, sobre todo, porque su entrenador, Javier Piles, le ha convencido de que el que tiene la moneda en su mano puede cambiarla en cualquier momento. Y él la tiene... y en qué mejor lugar ofrecerla que en Madrid, ante un público que todavía no sabe muy bien de dónde ha salido el chico de la gorra. Además, David tiene el corazón azulgrana en oposición al pálpito blanco de Nadal. Lástima que si se cruzan se vean en semifinales. Una final Madrid-Barça estaría mejor. La merecen los dos.

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