Nadal llegó, jugó y ganó
Acabó con las dudas y liquidó al rumano Hanescu en dos sets.


En la imagen de Rafa Nadal hay algo de conmovedor. Y de terrible. Es Mowgli y es Gerónimo. El niño perdido en la jungla de asfalto que despierta ternura por su frescura ingenua ante unas circunstancias y un entorno que podrían amenazar con devorarle, es, en la pista, el niño terrible: mutación apabullante. A veces, en charlas de sobremesa hemos discutido sobre la potencia de fuego que Nadal podría aportar, por ejemplo, al carril izquierdo de la defensa de su equipo del alma: el Real Madrid.
Ahora se me ocurre que con Nadal en Trafalgar, hace 200 años menos un día, el resultado final de aquella batalla quizá habría cambiado. Quizá, con Nadal en Trafalgar los ingleses no andarían ahora exhibiendo orgullosamente por sus museos la gran bandera del Santísima Trinidad, el majestuoso "cuatro puentes" de la Real Armada al que los mismos ingleses apresaron y dejaron hundir entre el temporal del Estrecho.
En su soledad y su rebeldía, ternura y desespero, Nadal es un Episodio Nacional, tan digno de Pérez Galdós como lo fueron Trafalgar y el salvaje combate desesperado del Santísima Trinidad. Nadal se rebela contra su rodilla. Y, tras ecografía y resonancia, juega. Claro que juega. Su bandera es una sentencia de libro: "La decisión es mía y juego, porque el que juega soy yo". No hay más que hablar.
Nadal se va al entreno del Real Madrid, pero no de turista o de espectador. Qué va: va allí porque quiere colarle un penalti a Casillas. Si lo anunciaran en Las Ventas, se arrimaría más que Juan Belmonte. Y querría torear miuras o victorinos, nada de saldos de media casta. Por lo listo, por rebelde, sería Rafael El Gallo Nadal. Pero arrimándose.
Ante esa voluntad nacida de la desesperación rebelde, el rumano Hanescu estaba perdido incluso cuando ganaba el primer set por 3-1. No es cosa de los extraños golpes liftados zurdos o de unas piernas indomables: la Fuerza siempre acompaña a Nadal, a Mowgli y a Gerónimo. Hemos supuesto a Nadal en Trafalgar, con España. Pero imaginen si lo hubiera tenido Lord Nelson: a las órdenes de Inglaterra. ¿Saben cuál fue la última orden de Lord Nelson, justo después del célebre "Inglaterra espera que cada cual cumpla con su deber"? Pues las banderas del HMS Victory alzaron estas señales: "Entablen combate con lo que tengan más cerca". Anda que si Nelson llega a tener a Nadal a bordo del Victory...
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