El príncipe Nadal, en la mirilla de los cañoneros
El Madrid Arena de la Casa de Campo vuelve a vibrar con su Masters Series, el gran torneo ATP que dota más de dos millones de euros en premios. El atractivo tenso de la alta competición brilla sobre toda duda: al Arena van a saltar nada menos que Nadal, Roddick, Ferrero, Moyá...


Aviso al personal: Rafa Nadal es el príncipe del tenis ATP y, probablemente, el rey de la tierra. De la tierra batida, se entiende. Pero lo que hay en el Madrid Arena (con 2.082.500 euros en premios) no es tierra, sino una moqueta rapidísima, a 667 metros sobre el nivel del mar. Situación ideal para cañoneros: Roddick, Ljubicic (ganador consecutivo en Metz y Viena) y, naturalmente, Feliciano López, que guarda excelente memoria muscular de las cosas que hace en la pista dura de la Casa de Campo.
Y Nadal, al final de una temporada tan asombrosa como agotadora llega a esta pista dura con tendinitis (ayer, en la rueda de prensa daba sensación de cojear), y casi resoplando de alivio por su no presentación en Viena. A 667 metros de altitud, la sonrisa profesional de Rafa es la misma que nos ofrecía en junio, cuando nos trajo de París la Copa de los Mosqueteros. Pero, ¿basta esa sonrisa sin prejuicios para disfrazar el cansancio orgánico de una temporada brutal, bastará para enmascarar la fatiga del Metal Nadal...?
Más Masters.
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Las ausencias no devastan el perfil del torneo. A un lado Nadal y su magnetismo, la Armada española exhibe unidades de toda laya: Moyá, Robredo, Ferrero (finalista en Viena y que en segunda ronda se ve con La Bestia Mirnyi, preludio de la Davis en Bielorrusia, en febrero), o los atractivos Feliciano y Verdasco. Hoy van a confesarse con Emilio Sánchez Vicario, ya capitán de Davis. Hay un gran partido entre pistoleros rápidos: Feliciano-Grosjean (16:00 horas, La 2 y Digital +).
Y, sin Federer, Safin y Agassi, relucirán los truenos de Roddick, Ljubicic y la precisión de Coria y Nalbandián. Y en 2006 habrá más Masters en Madrid: el Masters final de la WTA. Sharapova y las Williams. Donde llegan ellas, Federer no alcanza. Ni Federer, ni Nadal, ni Hillary Clinton, vamos.