La Zarzuela está en su recta final
AS le ofrece un tour virtual para disfrutar un día en las carreras. A las 11:30 horas del 23 de octubre se reabre el hipódromo.


La Zarzuela vuelve a reconocerse como hipódromo. Más de 300 caballos estabulados, las mejores pistas de hierba y arena de Europa, restaurante panorámico, 50 terminales de apuestas, un paddock reluciente... todo lo necesario para celebrar carreras ya está a punto en el hipódromo de Madrid. El 23 de octubre, con la probable presencia en la inauguración de la Familia Real, arrancará la temporada de otoño.
A falta de la aprobación del reglamento interno de apuestas que en breve debe conceder la Comunidad de Madrid, nueve años después de su cierre La Zarzuela brindará un programa de 10 jornadas con cinco carreras cada una, las ocho primeras en la pista de hierba y las dos últimas (18 y 25 de diciembre) en arena. En total serán 50 carreras, en las que se repartirán 631.000 euros en premios.
Después de 30 millones de inversión de un total de 50 previstos, el recinto presentará algunas novedades. La principal, y debido a un expediente no cerrado por el Ministerio de Cultura, será la inhabilitación de sus históricas tribunas (declaradas Bien de Interés Cultural). En su lugar se han instalado gradas portátiles, una cicatriz en el rostro del que fue catalogado el jardín más bello de España. Pero aunque cambia el aspecto, no varía la esencia, y al igual que no hay nada más aburrido que el aburrimiento, nada más excitante que la excitación. ¿Existe algún deporte cuya emoción sea tan intensa como los dos minutos de una carrera de caballos?
Para quienes tengan decidido acudir el día 23, les brindamos un tour virtual. Primera pregunta: ¿cómo ir? El acceso por la A-6 es sencillo y aparcar en el recinto aún más, con 2.000 plazas de aparcamiento. Para los que no dispongan de vehículo, el hipódromo facilitará autobuses gratuitos desde Moncloa.
Ya dentro del recinto, la entrada oscilará entre 7 y 9 euros. Una vez atravesada la puerta usted accederá a 110 hectáreas de naturaleza y ocio. Miles de metros de jardines, restaurantes... Idílico para una mañana soleada de domingo incluso si lleva niños, ya que ellos suelen improvisar sus propias carreras por las zonas ajardinadas. No hay peligro: el recinto es cerrado.
Si prefiere mirar antes de apostar, puede visitar la cafetería panorámica, que por sus vistas no tiene terraza en todo Madrid que le resista una comparación. Si ya ha decidido probar fortuna, antes de la carrera es aconsejable una vuelta por el paddock, donde los mejores pronosticadores son capaces de descubrir al futuro ganador.
Decidido ya en qué caballo confiar, del paddock a las taquillas de apuestas. Hay 50 terminales donde poder jugar a ganador, colocado, gemela, doble y trío. Hacer una llamada a la suerte le costará un euro o dos, según apuesta.
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Una vez en la grada y con su boleto en la mano, comienza el espectáculo. Verá que los aficionados animan a los caballos por su nombre o por el del jockey, pero si usted no los conoce, no se preocupe. Siempre podrá gritar ¡el tres, el tres, vamos tres! Nadie le mirará raro pues nadie acude a un hipódromo a insultar de una grada a otra, ni siquiera por ir a favor de otro caballo. Comprobará cómo todos están poseídos de una feliz locura que les lleva a entusiasmarse por un caballo que no es suyo y por un jockey que no es amigo ni familiar. Acaba usted de descubrir la emoción de las carreras de caballos.
Lo más normal es que al final no haya ganado el tres, pero véalo así, esos euros que usted acaba de perder son el justiprecio pagado por la emoción. Es lo que tiene el hipódromo: hace feliz a la gente incluso si pierdes dinero.