"Nunca castigaré a un jugador con ir a Siberia"
Balonmano La Federación Internacional le señaló como el segundo mejor jugador del siglo XX. Con 37 años, da un cambio a su carrera: del mando en la cancha al del banquillo. Este domingo debuta con el BalonmanoCiudad Real.

En un lugar de La Mancha ...
Yo sí que espero acordarme. En Ciudad Real empiezo una nueva etapa. El Quijote lo leí en ruso; en castellano, sólo las dos primeras páginas. Ahora mismo estoy peleado con la literatura.
El día de su retirada tuvo palabras sentidas con la URSS.
Yo soy soviético. Era un gran país y su desaparición fue lo que me hizo nacionalizarme español. Nací y crecí kirguizo, pero era soviético por los cuatro costados.
Ahora manchego, aunque en Santander dicen que cántabro.
Allí tengo casa y voy siempre que puedo, y allí nacieron mis dos hijos. Es una especie de primer amor inolvidable.
¡Ha iniciado su carrera de entrenador ante un equipo ruso!
También debuté en la Selección como español ante la selección rusa. Y aquello sí fue duro; pase la noche previa al partido sin pegar ojo y nervioso. Ahora ya he vivido mucho.
Ha dado muchos tumbos.
Es la vida. Yo quería ser futbolista o baloncestista, y como pusieron una cancha de balonmano al lado de mí casa, pues balonmano. Nunca quise salir de mi ciudad, pero acabé en Moscú y quería seguir allí, y aparecí en Santander, que iba a ser mi ciudad definitiva. Pero... Alemania, y ahora Ciudad Real.
¿Empleará aquella disciplina militar en su club?
Aquel primer año nos clasificamos para la final de la Copa de Europa, y los veteranos salieron a celebrarlo. Yo era soldado y el coronel me mandó a Siberia para ejemplarizar. Conmigo nadie irá a Siberia.
¿Qué aprendió en la URSS que eche de menos?
Llegué a Moscú a los 18 años para hacer el servicio militar y jugar al balonmano. Existían unos códigos que nadie se saltaba, como el respeto al contrario. Nada de juego sucio para sacar partido porque eso no es picardía, sino hipocresía.
En el deporte es complicado echar raíces. ¿Ha sopesado otras alternativas?
Mi mundo es el deporte. No me veo ni en los negocios ni en la política. En Kirguizistán me han ofreciodo cargos, tanto el presidente derrocado, como el interino. No he puesto ningún interés en ello.
En aquella época le obsesionaba el entrenar.
Cuando nos daban días libres los veteranos se iban a casa, y yo al cuartel, que era mucho peor. Asi que... No creo que sea bueno entrenar por entrenar.
¿Le aguantará su carácter atado al banquillo?
Ni yo lo sé. Mi meta siempre ha sido ganar, y en la pista reconozco que he tenido un pronto complicado, muy caliente. Fuera de la pista, en otros aspectos, soy muy tranquilo. Dejo de mandar en la pista para hacerlo en el banquillo, ¿no?
Una vez amenazó con que si no le querían se iba de España.
Fue cuando aquel lío del balonazo en Alcobendas. Se exageró tanto que pensé que me iba, pero sólo de la Selección. Me siento tan español que no me molesta que algún maleducado se meta conmigo por el origen.
Su mujer, campeona mundial de balonmano, ¿cómo lo lleva?
Es hipercrítica. Opina y mete caña, que si no he jugado bien, que si aporté poco. Tenemos nuestras diferencias. Los chicos también opinan, pero ellos siempre en positivo.
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¿No le quedaba cuerda para seguir jugando?
Llegar a los 37 años en activo y a alto nivel era impensable hace bien poco. Por suerte, todo ha mejorado: los suelos de las pistas, la medicina deportiva, el calzado. Pero ya era el momento de dejar paso a otros jugadores. Ha sido una vida intensa, y la espero mantener igual como entrenador.
