Ciclismo | Vuelta a España

No respetan la edad

Sorensen batió a dos clásicos: Pascual Rodríguez y García Acosta

<b>RESIGNADO. </b>Pascual Llorente cruzó así la meta, batido en el último instante por Sorensen.
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Cuando el danés Nicki Sorensen alcanzó a Javier Pascual Rodríguez, hubo unanimidad a la hora de calificar al nuevo inquilino de la escapada: un incómodo compañero de viaje. De ese tópico comentario se desprende siempre bastante pesimismo y una cierta resignación porque los incómodos compañeros de viaje tienen infinitos defectos que se resumen en uno solo: nos ganan.

Las razones por las que Sorensen nos deprimió en cuanto apareció en escena son complejas. Aunque es un ciclista que se deja ver en casi todas las carreras, su palmarés era, hasta ayer, escasísimo. ¿Qué nos hizo temer entonces? Pues además de su nacionalidad (no danesa, sino esencialmente extranjera), de su pelo rubio y de ese maillot del CSC que insinúa los abdominales de su portador, lo que realmente nos provocó tembleque fue el apellido, Sorensen, que viene sonando en el ciclismo desde hace más de 15 años, aunque su propietario más ilustre haya sido Rolf, señor que nada tienen que ver Nicki pero que en nuestras difusas neuronas le ha legado la reputación.

El asunto fue más doloroso todavía porque las víctimas fueron dos entrañables ciclistas que nos recuerdan los viejos tiempos porque pertenecieron a ellos: el citado Pascual Rodríguez y Chente García Acosta, ambos de 33 años y ambos con victorias en Ávila, la meta de ayer. Curiosamente, con ellos también funciona nuestra preocupante dislexia mental. A Javier Pascual Rodríguez lo confundimos con Javier Pascual Llorente, con lo que le doblamos el palmarés y la personalidad, y a Chente lo recordamos como el fiel escudero de Indurain, aunque tan sólo compartieron equipo dos temporadas.

Siempre Mancebo.

Al igual que sucedió un día antes, en la serranía abulense Paco Mancebo fue el mayor animador de la carrera, otra vez sin éxito. Al paso por Navaluenga, su pueblo, sus compañeros de equipo y es de suponer que algún otro corredor rendido a su pundonor (quizá Heras, entre dientes), corearon su nombre: "¡Paco, Paco, Paco!".

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La jornada registró también la sorprendente retirada de Perdiguero, que había atacado en el primer puerto. La versión oficial habla de molestias en una uña indeterminada, pero bien podría haber influido que su equipo, el Phonak, impidiera la salida de su amigo Santos González por superar en un control interno el nivel de hematocrito aconsejado. Perdi es rebelde y luego ciclista.

Pascual Rodríguez cruzó la meta con los brazos en jarra. Se le podía leer el pensamiento. Mal compañero de viaje. Estaba claro. Conocido un Sorensen los conoces a todos.

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