Tenis | China Open

La Armada desembarca en la Ciudad Prohibida

Moyá, Ferrero y Nadal, estrellas en el Templo Imperial de Pekín.

<b>MANDARINES EN ZAPATILLAS. </b>De no ser por esas zapatillas de última moda que asoman bajo los faldones, Moyá, Ferrero y Nadal podrían pasar por tres mandarines imperiales.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Es 2005, el Año del Gallo en el calendario chino. Los organizadores del China Open, en Pekín, intentan que su torneo cuente entre los cinco primeros del mundo. En su 25 cumpleaños y en el 60 aniversario de la rendición del Japón, Yao Ming, la torre china de la NBA y los Houston Rockets, masacra a los odiados japoneses (86-53) en el Campeonato de Asia, en Doha.

El futurista Estadio Olímpico que vibrará en 2008 va tomando forma. China anduvo mal en el Mundial de Atletismo, pero fue tercera en el medallero mundialista en natación, por delante de Rusia y Canadá.

Patrullas del Ejército vigilan los gigantescos murales callejeros de Maria Sharapova: para evitar hurtos admirativos, claro. Otras tenistas murmuran ante la rubia ubicuidad de Maria, la deportista mejor pagada del mundo: 25 millones de dólares anuales, sólo en publicidad. En otro tiempo, los espacios murales destinados a Sharapova estaban reservados para los dazibaos, los carteles propagandísticos de la Revolución Popular: tiempos de los Guardias Rojos y del Gran Timonel, Mao Tsé-Tung. La era del Gran Salto Adelante y el Culto a la Personalidad. "La vida es levantarse y caer, caer y levantarse", dijo Mao.

Más de Mao: "Gato blanco o gato rojo, igual da mientras cace ratones". Con notable éxito, Felipe González, bético mandarín de Bellavista, transportó este proverbio a la lejana Europa. Chu-En-Lai, el noble mandarín lugarteniente de Mao, nunca podría valorar cabalmente esta extensión del pensamiento.

Armada.

En este escenario, con el tifón Matsa por el Norte, otra gran atracción, la flor y nata de la Armada del tenis español desembarcó en el Pekín Tennis Center. No para 55 días, como Charlton Heston: la amenaza de Italia aguarda a Nadal y Ferrero a la vuelta de la esquina, cerca de Nápoles.

Pero, a un lado el magnetismo de las piernas de Sharapova (los chinos son extremadamente cuidadosos con las tentaciones explícitas de la sensualidad: lean a Mick Jagger en el último número de El País Semanal), el gran carisma de este Open está en manos de la Armada y su almirante de 19 años: Rafa Nadal, el número dos del mundo.

"Nadal robará el show... nunca se ha visto en China nada con semejante potencia a los 19 años", reza en la presentación oficial del torneo. Si Mao alzara la robusta cabeza, ¿se rendiría a Nadal...?

Así que, en el Año del Gallo, los chinos, los organizadores y la ATP entregaron simbólicamente las llaves de la Ciudad Prohibida de Pekín y el Supremo Templo Ancestral Imperial (Tai Miao) a las mejores unidades de la Armada: el Principito Nadal y sus veteranos capitanes Moyá y Ferrero. Vino al pelo la incomparecencia en Pekín del tal Wang Yeu-Tzuoo, un tipo de Taiwan que tenía que jugar con Nadal y que pidió aplazamiento al no haber podido salir de Turquía. Así, Nadal pudo comandar la visita a los reductos imperiales junto a Moyá y Ferrero, que habían batido a Srichaphan y Taik-Lee en primera ronda, el día anterior. Si el de Taiwan no aparece hoy, Nadal ganará sin jugar.

Y los misioneros de la Armada, calzados con zapatillas de las novedades de Otoño en El Corte Inglés, disfrutaron vestidos de mandarines en el corazón de la Ciudad Prohibida. Hay que insistir: Nadal es Nadal... y Mao era Mao. En 1972, El Gran Timonel abrió su inmenso país a Occidente con Nixon, Chu-En-Lai y la Diplomacia del Ping-Pong. Hoy, Nadal abre la Ciudad Prohibida.

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