El Maradona del Luna Park: Nicolino Locche
Nicolino Locche, ex campeón mundial de los pesos welter junior y uno de los más populares boxeadores argentinos de todos los tiempos, falleció a causa de un paro cardíaco a sus 66 años en la noche del miércoles, en Mendoza.

El llanto de Mendoza, ciudad que vio aparecer a Nicolino, sacude a una Argentina que ya tenía en el olvido a este gran boxeador. Un personaje, clásico donde los haya, muy del paladar argentino.
Boxeaba como juegan al fútbol los de acá. Apenas pegaba, pero tampoco le pegaban. El baile que tenía en los cuadriláteros y su exquisita manera de ladearse le valieron el apodo de El Intocable. Ganaba a sus rivales con unos cuantos cachetes. Si hubiera tenido la pegada de Monzón, el pibe se habría convertido en un Cassius Clay.
En el olvido.
Nicolino se cuidaba poco. Apenas tenía descanso porque era amante de la noche. Para el espectador eso era lo de menos. Los argentinos esperaban a los sábados para verle bailar. Se reían. Disfrutaban. Era el pan del pobre. Sin embargo, las irregularidades en la carrera de Locche hicieron que su país se fuera olvidando de él poco a poco. Tanto es así que hoy poca gente pregunta por el púgil. Por eso Monzón fue el más admirado.
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Cuando a Nicolino le reprocharon su forma de combatir, el mendocino contestó con una frase antológica: "No hay que olvidar que al boxeo se llamó noble arte de la defensa. Lo primero es defenderse, el atacar llega solo". En ese sentido, El Intocable era el número uno en fantasía.
Eso sí, todos los millones y toda la plata que ganó se los gastaba con mucha facilidad. Volvía a esos orígenes de familia en tiempos de hambruna. El Luna Park ha visto cómo crecía un verdadero artista del ring. Aquél que consiguió convertirse en campeón de los pesos welter con esos movimientos que eludían los golpes contrarios. Curioso como productivo. Igual que el famoso noqueo a Fuji en Tokio, que le valió para convertirse en el campeón del mundo que siempre recordará el boxeo.