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Rice: adiós a Mr. Récord

La NFL vive una semana agridulce. El martes, Jerry Rice, el mejor wide receiver de la historia, anunció su retirada. Se va con 3 títulos y 38 récords de la Liga en su haber. Era la mala noticia. La buena, que la competición se reanuda la próxima madrugada con el duelo Raiders-Patriots.

Rice: adiós a Mr. Récord
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Adiós a Jerry Rice, adiós al mejor wide receiver (receptor) en la historia de la NFL. Punto y final a un jugador 10 que formó un tándem de leyenda con el gran Joe Montana. Ellos eran el alma de aquellos San Francisco 49ers que exportaron el fútbol americano al aficionado español como unos años antes habían hecho Magic Johnson o Larry Bird con la NBA. Embajadores de lujo todos ellos que ya son historia.

Rice comunicó su retirada sin ni siquiera haber jugado un minuto con los Denver Broncos, el cuarto equipo en una carrera que se ha dilatado durante 20 años. Antes, San Francisco, Oakland Raiders y Seattle Seahawks habían disfrutado de este jugador nacido en Starkville, Mississippi, hace ya 42 años (13-10-63). Fue en la ciudad de los tranvías y las interminables cuestas donde su nombre se hizo grande en la NFL. Allí jugó 16 temporadas pese a que en un principio, nada más ser elegido por el equipo en el draft de 1985 (16ª elección), temía que no iba a "soportar la presión de una ciudad tan grande y con una franquicia que acababa de proclamarse campeona". San Francisco le venía grande porque él decía ser "un chico de pueblo".

De albañil.

Un pueblo era Starkville, donde nació, y un pueblo era Crawford (donde vivió durante su etapa en el instituto), que no superaba los 500 habitantes. Fueron los años en los que el gusanillo del fútbol americano picó a Jerry, que también jugaba como alero en el equipo de baloncesto y formaba parte del cuarteto de relevos en atletismo. Un deportista nato, en definitiva. Un chaval que tenía claro su futuro, pero que no dejó de echar una mano a su familia.

Él y sus siete hermanos recogieron algodón y maíz y ayudaron en el modesto negocio de albañilería de su padre. Hay quien dice que fue entonces cuando adquirió la habilidad para atrapar todo lo que le caía del cielo. Sus hermanos le lanzaban los ladrillos y él los pillaba al vuelo, sin dejar caer ni uno porque no estaba la cosa como para andar rompiéndolos. Ladrillo a ladrillo se hizo wide receiver (quién se lo iba a decir) y llegó a la Universidad de Mississippi Valley State, en Itta Bena, donde aún resonaba la guitarra de un ilustre nacido en la localidad (otro pueblo), un tal B. B. King.

Más de 20 años.

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Esa fue su última estación antes de dar el paso al profesionalismo, a los mencionados 49ers desde los que se coló en los comedores de toda América, donde la Super Bowl se bendice como el pavo el día de Acción de Gracias.

Desde entonces, 20 temporadas en la élite y un rosario de récords (hasta 38 llevan su nombre en la biblia de la NFL) que no admiten comparación, entre ellos los de recepciones (1.549), yardas en recepción (22.895) y touchdowns (197). Y, además, 12 veces elegido para jugar el Pro Bowl, tres veces campeón de la Super Bowl (89, 90 y 95), 3 veces MVP... Y el mejor receptor de ladrillos que se recuerda. A este y al otro lado del Mississippi.

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