Tommy Robredo se mide a Blake, verdugo de Nadal
Verdasco también pasa y David Ferrer cae ante Hrbaty.


Es la ley del tenis de ataque en el calor húmedo de Flushing Meadow. Las pistas están bruñidas, relucientes, como el asfalto de la Quinta Avenida. Con el calor, las bolas vuelan. Hay que pegar. A Tommy Robredo le hubiera gustado enfrentarse a Rafa Nadal en octavos de final del US Open.
"Honestamente, debo reconocer que me hubiera gustado jugar con Rafa, pero la verdad es que él no ha jugado bien esta semana, y Blake hizo su partido". Eso dijo Robredo, después de haberse metido en octavos a costa de Sébastién Grosjean: pegando y pisando fuerte. Ahora le toca responder al ataque total de James Blake, queridísimo verdugo.
En esos momentos, Robredo era el único español octavofinalista en el Open. Después, al final de la noche del domingo, se le agregó Fernando Verdasco, tras una batalla de cinco sets y más de tres horas ante Novak Djokovic, el guerrillero serbio. Verdasco selló el triunfo en el quinto set por 6-4, viniendo de atrás, desde 0-2.
Dominik Hrbaty dobló la mano a David Ferrer en otro pulso superior a las tres horas, que admitió 49 juegos: Hrbaty se impuso por 6-7, 7-5, 7-5, 7-5, pero con unas estadísticas demoledoras: 61-19 en golpes ganadores para el eslovaco... que se llevó el partido pese a sus 75 errores no forzados, contra los 40 del infatigable y atormentado Ferrer. Aquí, el que pega, gana.
A su vez, Ferrer es un tormento, una pesadilla. Tenerle enfrente, un martirio. Hrbaty sueña con correr la maratón de Nueva York. No hace falta que sueñe: ayer invirtió en ganar a Ferrer probablemente más tiempo que si hubiera recorrido 42.195 metros entre Manhattan y Brooklyn.
El cuadro.
Verdasco es el español con juego más característico de pistas rápidas. Se las verá con el zurdo finlandés Jarkko Nieminen, que dio cuenta del bielorruso Max La Bestia Mirnyi. Robredo ocupa el lugar de Nadal para lo bueno y lo malo. Si Tommy es capaz de aguantar a Blake, en el mejor momento de su vida, lo normal es que en cuartos le toque mirar a la cara a la leyenda Agassi. Estos días, en Nueva York, hay que jugar mucho para ganar a James Blake. Hewitt casi suda sangre para batir a Dent en cinco sets.
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"El hecho de que Blake haya ganado a Rafa, que es el número dos del mundo, no significa nada para mí. Saldré al campo a ganar un partido que veo a mi alcance, pero sin espíritu de venganza porque Blake haya ganado a Nadal. Esta historia es entre Blake y yo", avisa Tommy.
Blake lo tiene tanto o más claro: "Aspiro a dictar el rumbo del partido como hice ante Nadal. Si saco al mismo nivel, diría que tengo una buena opción ante cualquiera. No haré nada distinto". El que avisa...