"Yo fui el primero en valerme de la altitud"
En los Juegos de Múnich y Montreal, 1972 y 1976, el finlandés Lasse Viren "dobló doblete" y ganó cuatro medallas olímpicas de oro en 5.000 y 10.000 metros. Siempre admiró al checo Emil Zatopek y está en el olimpo de los mitos en Finlandia.


Usted es hoy un parlamentario conservador en Finlandia. Pero cuando empezó a correr, en los años 70, usted, que era policía, y su entrenador, Rolf Haikkola, usaron un método que se veía revolucionario: el entrenamiento en altitud y la inyección posterior de sangre propia liofilizada en esa misma altitud. Hoy, esos métodos bordearían la legalidad. ¿Cómo lo ve ahora?
Hoy hay muchos controles, pero yo sufría controles constantemente: prácticamente a diario, y por sorpresa. La Federación Finlandesa tuvo problemas para que Haikkola me entrenase con total dedicación. Y nos tuvimos que entrenar casi en secreto hasta 1971. Eso de usar la altitud era una innovación. Lo hice cuando nadie lo hacía y conseguí mis resultados. Pero todo lo hice de acuerdo a la legalidad: nadie pudo pillarme en falta.
(Entre 1972 y 1976, Viren y otros atletas a las órdenes de Haikkola, como Seppo Tuominen, mantuvieron campamentos de entrenamiento de hasta un mes en la altitud de Font Romeu, Bogotá o incluso en Kenia, cuando allí no había ni carreteras. La innovación y los peculiares entrenamientos de Haikkola sobre una pista de 600 metros produjeron resultados asombrosos).
La historia se detiene en sus cuatro oros de 5.000 y 10.000 metros, entre Múnich y Montreal. ¿Cómo pudo ganar las cuatro medallas? En Montreal, incluso, se presentó al maratón... y fue quinto. En Múnich, tras haber sufrido una caída famosa, batió el durísimo record mundial de Ron Clarke.
Me gustaba competir, y en aquellos tiempos era una motivación extra competir por tu país. Una vez que compites, todo es fortaleza mental para llevar a cabo la preparación táctica de tu carrera. Es todo concentración. Después, cuando tienes que pelear, reaccionas por instinto. En la caída de Múnich, recuerdo que cuando me levanté creí que empezaba a correr en la dirección equivocada. Si los europeos quieren ganar a los africanos hoy, lo primero que tienen que hacer es superar la barrera mental que ya tienen y creer que van a ganar con su propio modelo de carrera.
Hablamos de tácticas. El difunto Steve Prefontaine, uno de los fundadores de Nike junto al 'boss' Phil Knight, juraba en Múnich que nadie podría resistirle a él cuando cubriera las millas finales a menos de cuatro minutos.(Ríe). Lo sé. Lo que Prefontaine no sabía era que otros más podíamos hacer eso, e imponiendo un paso más rápido del que él y los otros milleros querían. Mis últimas millas en Múnich las cubrí exactamente igual: a 4.01. (Lo confirma Haikkola, presente en la conversación). Tácticamente, no había secretos: si ibas con los milleros en el 5.000, había que llevarlos a un ritmo que les impidiera usar su final. Si ibas con Bedford en el 10.000, había que aguantar y desgastarle con tirones. El más fácil fue el 10.000 de Montreal: me fui tras Carlos Lopes, que había tirado todo lo que podía, sabiendo que al final caería, como así fue. La capacidad mental está detrás de todo eso.
¿Aún corre, Lasse?
(Más risa) Hay semanas en las que no hago nada, y en otras ruedo 20 kilómetros. Hago algunas carreras populares, para que algunos disfruten diciendo que ha ganado a Viren. Es lo que queda: los jóvenes no quieren correr. Porque llegan los africanos. Veremos si mi hijo Matt es bueno...
(Y señala a un chico parecido a él: es Matt Viren, campeón de Finlandia Sub-19 de 800 y 1.500).
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Con un 70% de hematocrito
El objetivo de las concentraciones en altitud de Viren estaba claro: subir el hematocrito, la tasa de glóbulos rojos, hasta los niveles de los atletas criados en altiplanicie. "Lasse corrió en Múnich y Montreal con más del 70% de hematocrito. Tenía casi el 80% cuando llegábamos de la altitud. Podía soportarlo porque era muy fuerte y tenía el cuerpo adecuado", recuerda hoy su entrenador, Rolf Haikkola, que le recetaba series de 5.000 metros en una pista de 600 en Helsinki, en cambios de ritmo de 200 metros "como si fuera una bala sobre la espalda de Bedford". Descansaba 200... y otro cambio de ritmo, hasta que totalizaba... 273 cambios diarios.