Atletismo | Mundial de Helsinki 2005

Obikwelu y Gatlin dirimen su revancha

Scott es el 'tapado' de la final

<b>TAPADO. </b>Leonard Scott, el musculado velocista estadounidense, intentará dar la sorpresa.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Todas las miradas viran hacia Justin Gatlin y Shawn Crawford, los chicos de Trevor Graham, el que abrió el Caso Balco, cuando envió a la Agencia Estadounidense Anti Dopaje una jeringuilla con sangre manchada con THG. Crawford está recuperado de su lesión en el pie. "Estoy maravilloso", se autoimpresiona el musculitos Crawford. "Si hace falta batir el récord del mundo, lo haré, estoy listo", proclama Gatlin. Pero...

Por alguna razón, el pálpito del que ha visto muchas carreras de 100 metros, esa recta en la que todo se decide en menos de 10 segundos, apunta a Francis Obikwelu: el nigeriano nacionalizado portugués que se entrena en Madrid a las órdenes de Manuel Pascua, con casa abierta en el barrio de El Pilar, manejó con insolencia las series y los cuartos de final del hectómetro, rumbo a la final de hoy.

Los estadounidenses hablan por los codos, pero Obikwelu, que fue albañil pluriempleado en Lisboa, sabe que uno es esclavo de sus palabras. Y habla lo menos que puede: corre. De los tres grandes favoritos, fue el único que firmó las dos series de ayer en menos de 10.20. En cuartos de final, con 0,7 metros de viento en contra, batió a Crawford por seis centésimas: 10.19-10.25.

El problema de Obikwelu es Gatlin: el tipo de atleta que igual no bate récords (nunca se sabe), pero que resulta ultra competitivo en grandes eventos. De ahí que Gatlin, neoyorquino de Broklyn residente en North Carolina, a las órdenes del célebre Graham, atrapara el oro olímpico en Atenas, y Obikwelu ("se me metió por la izquierda cuando no le veía") se quedara con la medalla de plata. Detrás llegó Greene, que aquí está para el relevo, por su lesión en los trials. Nadie puede despreciar a un acorazado humano como Leonard Scott. La cosa de los músculos viene de tal manera que Kim Collins, el caribeño vigente campeón del mundo, con su oro en París 2003, fue el peor tiempo (10.32) de los cuartofinalistas clasificados.

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Balas humanas.

Así que los chicos de Graham y el chico de Pascua (son tres negrazos de ciencia-ficción) oirán el tiro de esta noche con casi tanta fuerza contenida como esas Bombas A que hace 60 años reventaban los cielos del Japón, de Hiroshima a Nagasaki. Hoy, ellos van a traspasar el aire húmedo de Helsinki. Cuando el juez de salida diga valmiina, listos, fibras musculares con uranio negro enriquecido se alzarán en Helsinki. "Al tiro, te limitas a reaccionar, no sabes qué va a pasar", dice Crawford. Puede pasar cualquier cosa: como pasó en Hiroshima y Nagasaki.

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