El 7, sinónimo de campeonísimo
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Los grandes campeones del siglo XXI llevan el siete cosido a sus espaldas. Armstrong ganó su séptimo Tour, Schumacher ha ganado siete títulos en la Fórmula 1, Rossi lleva este año camino de su séptimo Mundial de motos, Phelps nadó en los Juegos Olímpicos de Atenas siete finales, en las siete subió al podio -la octava medalla, la del relevo, se la dieron sin participar en la final- y esta semana bien que lo ha querido repetir. Se ha convertido en norma lo que antes era excepción: siete oros de Spitz en los Juegos de Munich 72, siete años de reinado de Ali en su defensa del título de los pesados, nueve de imbatibilidad de Moses en los 400 vallas, once de reinado de Joe Louis, también en los pesados. Pero eran casos aislados.
Ahora no. Ahora la hegemonía de los campeonísimos dura como mínimo siete años o se extiende por siete especialidades frente a una rivalidad mayor que antaño. ¿Cómo es posible esto? Armstrong da la respuesta: "Busco la excelencia en todos los ámbitos. En quienes me rodean, en el material, en los entrenamientos, en la dieta, en el control médico. Dispongo de lo mejor. Todo está calculado, adecuado a mí y a mis objetivos. Del principio al final de la cadena no hay ningún punto débil, ninguna posibilidad de error. Todo es perfecto". Así cualquiera, cabría apuntar. Es una preparación sólo al alcance de los campeones. Pero de aquellos que no se conforman con ser los mejores. Armstrong, Schumacher, Rossi, Phelps... Cada año son más.
