Natación | Mundiales de Montreal

Phelps, al rojo vivo en la lucha por siete medallas

Ha llegado a nadar cuatro pruebas en algo más de nueve horas

<b>ALTA TENSIÓN. </b>Las finales de 100 libre y 200 estilos, junto  a las rondas previas de 100 mariposa y el relevo 4x200 libre llenan de tensión la recta final de Phelps en Montreal.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El miércoles fue un día más o menos normal en la vida de Michael Phelps, en el Mundial de Montreal. Sin luchar por ninguna medalla, entre 10:00 y 19:15, poco más de nueve horas, el buque insignia de la natación estadounidense sólo tuvo que nadar cuatro pruebas.

Al menos, ninguna de ellas fue una final: se trató de las series y semifinales de 100 libre, y las series y semifinales en 200 estilos. "Estoy acostumbrado a hacer estas cosas, pero digamos que no nací así. No es como cuando empecé a nadar en Baltimore", dijo Phelps entre bocado y bocado a las barritas energéticas Power Bar que habitualmente consume (y que le pagan como reclamo publicitario).

Sin haber saludado una sola vez el Star Spangled Banner, el himno nacional de EE UU, con la mano en el corazón, Phelps tuvo que someterse a un implacable racionamiento de energía entre las nºubes y claros del Parc-Jean Drapeau, en Montreal. Estas rondas de 100 libre y 200 estilos significaron sus carreras séptimas, octava, novena y décima en este Mundial.

Al margen de las dos finales, la pasada madrugada, a Phelps todavía le quedan en este evento otras tres series en 100 mariposa (previas, semifinal y final), y, como mínimo, dos carreras de relevos en 4x200 libre y 4x100 estilos. Todo esto, en busca de siete medallas.

¿Podrá Michael llegar competitivamente vivo hasta los 35 años, como Mark Warnecke, el alemán de Bochum que ya compitió en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y que aquí se ha coronado campeón mundial en 50 braza...?

Michael Phelps consiguió clasificarse limpiamente para las finales de 100 libre y 200 estilos, pero nadie dudaría de que el electrizante 100 libre puede marcar el Final de la Cuenta Atrás para este estupendo portaaviones humano: si Phelps no sube al podio tras la lucha con los Grandes Blancos de Suráfrica y con los mejores sprinters europeos, su objetivo de siete medallas en Montreal habrá pasado al departamento de las quimeras, sección siete medallas de oro en Atenas: sueños imposibles por el momento.

"A partir de ahora, todo va cuesta abajo, esto se termina rápido. Me encuentro muy bien y el fallo del domingo en 400 libre está olvidado", razonó Phelps tras su última carrera del miércoles, concentradísimo y sin demasiadas ganas de conversación. Lógico.

Conservador. Cuando dijo esas palabras, Phelps había ganado su semifinal de 200 estilos, en 1:58.36, batiendo nada menos que a Laszlo Cseh, pero se había dejado algunos gramos extra de energía. Y su colega Ryan Lochte (vencedor de la primera semifinal, en 1:58.06) le había desbordado en el registro de tiempos cara a la final de 200 estilos. Pero el problema para completar las siete medallas no son los estilos. Ni los relevos: claro que no.

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Quizá, el autismo de Phelps venía desde las semifinales de 100 libre. Ahí se tuvo que dar cuenta de lo alto que va a estar el podio en el reino de los pistoleros profesionales de la velocidad. Con 48.93, en la segunda semifinal, Phelps mejoró su marca personal de 49.00. Fue el mejor estadounidense. Pues bien, eso le sirvió para ser... tercero en esta semifinal, tras Filippo Magnini, el campeón de Europa (48.73), y el croata Duje Draganja (48.88). Y, ¿qué había pasado en la primera semifinal? Pues... un destrozo.

Roland Mark Schoeman y Ryk Neethling, los tarzanes surafricanos recriados en Arizona, jugaron al gato y al ratón con el personal de esa primera semifinal. Schoeman se paseó: en 48.45. Le seguía un rayo: Neethling, 48.54. Tercero, Hayden, 49.05. Más de medio segundo, un mundo en 100 libre. El mundo que quiere conquistar Phelps, quinto en estas semis de 100 libre.

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