Isinbayeva: 5,00 metros
Yelena batió dos veces el récord del mundo

Estábamos todos equivocados: Yelena Isinbayeva, la chica nacida hace 23 años en Volgogrado, la antigua Stalingrado, no es una pesetera que se dedica a batir su récord mundial centímetro a centímetro. Sí, estábamos todos equivocados: no se guardaba los cinco metros para los Mundiales de Helsinki, para hacer historia allí, en un santuario del atletismo. Los ofreció ayer a Londres, azotada estos días por el terrorismo.
Y entró en la leyenda, porque esos cinco metros son una barrera colosal, impensable hasta hace nada, algo así como un Everest para las mujeres. Isinbayeva se ha convertido en una especie de sir Edmund Hillary, salvando todas las distancias y haciendo una broma.
Ayer fue generosa hasta el extremo, porque primero superó el listón a 4,96 metros, un centímetro más de lo que consiguió hace una semana justa en el estadio Vallehermoso de Madrid, en condiciones meteorológicas completamente adversas, con viento fuerte y lateral y el sol de cara.
Y ayer, en Londres, cuando todo el mundo pensaba que iba a recoger sus cosas, cobrar su dinero y marcharse al hotel, se destapó pidiendo que colocasen el listón a cinco metros. Los espectadores londinenses no se lo creían. Al menos iban a presenciar el espectáculo de ver a la mejor pertiguista de todos los tiempos midiéndose con la altura titánica. Ya por eso merecía la pena haber pagado la entrada.
Con limpieza.
Yelena se puso al final del pasillo, habló consigo misma durante un rato, ensimismada, repitió varias veces mentalmente el salto que iba a ejecutar, levantó la pértiga, se lanzó a toda velocidad, hincó el artefacto de fibra de vidrio en el cajetín y se elevó magistralmente, dejando todavía algún centímetro entre ella y la barra. Es curioso. No tuvo en esos cinco metros los problemas que sí pasó en 4,96, donde golpeó el listón, aunque sin derribarlo.
Era una marca para la historia, como la primera vez que una mujer rompió la barrera de los 11 segundos en los 100 metros con cronometraje automático (la alemana oriental Marlies Oelsner, 10.88 en 1982), o de dos metros en altura (su compatriota Rosemarie Ackerman, en 1977), o de siete en longitud (la soviética Vilma Bardauskiene en 1978)...
Yelena Isinbayeva ya ha escalado el Everest, pero el Everest no es su techo: seguirá subiendo y lo veremos muy pronto. Desde aquí abajo.
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