Ciclismo | Tour 2005. 12ª etapa

Alerta máxima

Valverde volvió a acudir al médico. Moncoutie ganó la etapa

<b>LA RODILLA QUE QUITA EL SUEÑO. </b>Al igual que sucedió camino de Briançon, Valverde tuvo que descolgarse ayer del pelotón para ser atendido por los médicos del Tour.
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Me preocupa la rodilla de Valverde, para qué lo voy a negar. Me preocupa descubrir la preocupación de los demás y me inquieta que ayer volviera a visitar el coche médico y que le aplicaran un spray analgésico que a mí no me calma absolutamente nada. Me consume la impaciencia, lo confieso. Y como mi aprensión me hace participar de los dolores ajenos y me pica la cabeza cuando alguien habla de piojos, ahora, últimamente, también me molesta la rodilla izquierda, tendinitis, diagnóstico pendiente de evolución.

Estaba preparado para todo, para asumir tanto la victoria gloriosa como la pájara descomunal, pero no contaba con el tendón golpeado fortuitamente por el manillar, un extraño modo de morir de rodillas. Por eso hago esfuerzos por animarme y recordar a otros campeones que culminaron sus gestas con diferentes achaques, como aquel Hinault que se golpeó la cabeza y llegó a París, triunfante, con los ojos morados. Llevábamos dos años esperando a Valverde y ahora hay que seguir esperando, tocando madera.

Temores aparte, ayer ganó Moncoutie, un francés, hecho que fue especialmente festejado por el vencedor y por sus compatriotas, que celebraban la Fiesta Nacional, 14 de julio, 216º aniversario del asalto a la Bastilla, las carreteras cubiertas de banderas tricolores. Tristemente, el ciclismo francés tiene difícil aspirar a victorias de mayor rango.

Se da la casualidad de que con Moncoutie ocurrió lo mismo que con otros ciclistas franceses de los últimos 20 años (la era post Fignon), se quiso ver en él a un campeón, a un corredor con potencial para luchar por las grandes vueltas, y sólo se trataba de un buen ciclista, un escalador inconstante que tiene miedo a los descensos, un león vegetariano. Ya había sucedido antes con Bernard o Mottet, por citar algunos ejemplos, y, últimamente, con Virenque, Moreau o el joven Chavanel. Todos aplastados por las expectativas de un país.

Para que Moncoutie venciera en fecha tan señalada (el año pasado ganó el 15 de julio, San Buenaventura) fue necesario que el grupo de escapados en el que iba incluido no se pusiera de acuerdo en darle caza. Ya fuera por los egoísmos propios o por los piques de sus respectivos directores y sus consiguientes instrucciones por el pinganillo (el bromuro del ciclismo moderno), lo cierto es que las muchas opciones del hiperactivo Vicioso y las pocas de Gárate y Arrieta se esfumaron por completo. Son desesperantes esos desacuerdos en los que se reparten miserias propias y ajenas.

Rabia.

Lo lamentaba Gárate en la meta: "Hay gente que parece que corre para ser segunda, ¡con lo difícil que es escaparse aquí!". "Cuando hay uno por delante, por detrás se escaquean todos", añadía Vicioso, y remataba Arrieta: "Siempre pasa igual. Nos habíamos acercado en la bajada, pero luego hay uno que guarda fuerzas, otro que tiene calambres y otro al que se le suben las bolas (los gemelos, aclaro)".

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En el capítulo de desgracias, hay que reseñar la caída de Beltrán, que tuvo que abandonar con una conmoción cerebral, y la retirada de Boonen, molido de tanto rodar por el suelo. El noruego Thor Hushovd es el nuevo maillot verde de la regularidad.

La jornada de hoy no será tan dura como la de ayer y servirá de preámbulo a lo que espera el fin de semana, dos terribles etapas de Pirineos que decidirán la carrera. La medicina es imprevisible y hay lesiones que desaparecen de pronto, sin mayores explicaciones, del mismo modo que podría haber etapas rompepiernas que curaran las rodillas maltrechas, cosas más raras se han visto, díganme que sí.

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