Federer barre a Roddick y gana su tercer Wimbledon
El suizo logra su quinto Grand Slam en sólo 101 minutos


Como no le dé un puñetazo...! La frase, espontánea a más no poder, la soltó Andy Roddick cuando le acercaron el micrófono en la Centre Court del All England Lawn Tennis&Croquet Club. Acababa de perder su segunda final consecutiva en Wimbledon, las dos contra el mismo rival, ya es mala suerte. El pobre Andy no sabe cómo meterle mano a Roger Federer, el tipo que le cierra el paso hacia el número 1 del mundo. Y, lo que es más duro, va camino de convertirse en un nuevo Poulidor, siempre a la sombra del incontestable Anquetil del tenis actual: Federer.
El suizo derrotó a Roddick (6-2, 7-6 (2) y 6-4) en apenas una hora y 41 minutos y sumó su tercer título consecutivo en Wimbledon, hito que desde 1936 -la era moderna del tenis- sólo habían logrado dos leyendas de la hierba londinense: Bjorn Borg y Pete Sampras. Da igual. Roger apenas cambia el semblante porque su tenis, tan fácil que asombra, convierte las victorias en rutina, como demuestra el hecho de que ayer ganara su 21ª final consecutiva (incluidas cinco en torneos del Grand Slam). Y otro dato para el archivo: es el primer tenista desde Tony Trabert (entre 1953 y 1955) en ganar sus cinco primeras finales en un grande.
La exhibición de Federer enfrió el ambiente de una Centre Court que se decantaba mayoritariamente por Roddick. Ese apoyo respondía al deseo de que la final se alargara, de ayudar al débil, un Roddick que llegaba a Wimbledon con un 8-1 en contra en su duelo personal con Federer. Ya son 9-1 y no porque Roddick no intentara plantar cara. Pero de poco sirve intentar plantar cara cuando tu rival gana 20 de los 21 puntos con su servicio para sentenciar el primer set o salda el partido con 49 golpes ganadores y tan sólo 12 errores no forzados.
Contra eso no hay antídoto. Ni siquiera la lluvia. Es posible que Roddick se encomendara a un chamán Omaha (tribu que da nombre a su ciudad natal, en el estado de Nebraska) para que la lluvia hiciera acto de presencia y alterara al imperturbable Federer, que acababa de dar carpetazo al segundo set con un 7-2 en el tie-break. Fueron apenas unas gotas, las suficientes para que el partido se interrumpiera. La lona cubrió la pista central bajo la mirada atenta de Alan Mills, el carismático director de árbitros que se jubilaba tras 23 años en Wimbledon, y ambos jugadores se fueron al vestuario.
Veinticinco minutos después, el partido se reanudaba. Pero nada cambió. Roddick siguió sirviendo a más de 200 km/h y Federer restando a la línea. Roddick siguió subiendo a la red y Federer pasándole con el revés, algo tan natural en él como abrir un yogurt. Todo siguió igual porque la hierba tiene dueño y ése no es otro que Federer, que suma ya 36 partidos sin perder en esa superficie. La herida que le abrió Rafa Nadal en París ha tardado poco en cicatrizar. En la hierba, el suizo cura todos sus males. E incluso suelta alguna lágrima. Si va a resultar que es humano...
Roddick "Quizá le gane en el futuro..."
Quizá en el futuro pueda ganarle una final en Wimbledon. Me encanta jugar aquí, este torneo está en un lugar especial de mi corazón y (en referencia a las gradas) vosotros sois los que lo hacéis tan especial. Gracias. Quería ganar esta final con todas mis fuerzas, pero este tipo es el mejor por algún motivo y se merece todo el mérito. Federer se ha convertido en un jugador muy completo; es impresionante".
Federer "Más fácil que el año pasado"
Todo ha funcionado. He jugado uno de los mejores partidos de mi vida. Este ha sido un torneo y un partido muy, muy importante para mí. Ha sido todavía más especial que los dos años anteriores. Me ha resultado más fácil defender el título de campeón que en la pasada edición. Después del Abierto de Australia y de Roland Garros tenía muchas expectativas al venir aquí, y mi sueño se ha hecho realidad".
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