La final más larga lleva el tercer título para Venus
Desde 2000, las Williams han ganado cinco Wimbledon


Venus Ebone Starr Williams (más o menos, Venus Estrella de Ebano Williams) tiene las dimensiones majestuosas de una princesa masai. En sus piernas hay ballestas biseladas que brillan con los mismos reflejos del joven Michael Jeffrey Jordan. Y hay también la llamada de la sabana selvática, una Memoria de África. O del gueto.
Emergida de unos de los peores guetos en las cercanías de Los Angeles, donde balearon a su hermanastra Yetunde, Venus ha estudiado Decoración de Interiores y Moda en el Instituto de Arte de Florida. Allí reside, en Palm Beach. A veces, cuando no posa semidesnuda y brillante para el extra de bikinis de Sports Illustrated, Venus parece ausente, distante, allí en su planeta. ¿Viaja con la mente a un trono de celestial princesa en las Montañas de la Luna...?
Puede: pero cuando se le corta la salida a la diosa, aparece la criatura de la jungla, la fiera del gueto de Lynwood: con el instinto homicida de las bandas de las calles, los gangs de los Bloods y los Crips. Esa Venus avisa: "No busco amigos. Hoy nadie puede encontrar un amigo. Tienes a tu familia, a Dios, y eso es todo".
Furia.
La final de ayer en la Centre Court, fue uno de esos días en los que Venus descendió de las regiones celestiales donde no hay cabida para el tenis. Lindsay Davenport controló el primer set y tuvo una pelota de partido en el tercero, con 5-4, sobre el servicio de Venus.
Ahí, con la espalda contra la pared del callejón, la roja memoria del gueto de Lynwood-Dominguez Hills segó la hierba de Wimbledon: a Venus le retumbó el eco de los disparos que acabaron con la vida de Yetunde.
Y así, tras dos horas y 45 minutos de furia, en la final más larga, Venus partió la espalda de Lindsay, la larguirucha pija de Rancho Palos Verdes. Ganó su tercer Wimbledon desde 2000, el quinto para las Williams en seis años: todos, menos el de Sharapova. El viento de la noche del gueto barrió a Davenport.
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Davenport riñó con el árbitro
Lindsay Davenport se enfrentó con Gerry Armstrong, el árbitro de la final, al que riñó por haber dado por bueno un saque de Venus que fue claramente malo, con 4-4 en el segundo set. "Si yo hiciera mi trabajo tan mal, no sería capaz de salir a la pista. No entiendo cómo está sentado ahí", dijo Lindsay a Armstrong.