Tyson: "No tengo estómago para continuar peleando"
Abandonó en el sexto asalto frente a McBride.


Se acabó. Mike Tyson ya es historia. No lo decimos nosotros, lo dijo él la pasada madrugada tras abandonar en el sexto asalto del combate contra Kevin McBride, un irlandés del montón que pasó sin pena ni gloria por los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Eso es quizá lo más duro de la historia. Lo más triste. No ha hecho falta que ningún campeón indique a Iron Mike, de 38 años, el camino de la salida. "No tengo estómago para seguir peleando. Ya no tengo ni fuerzas ni coraje. No voy a faltarle al respeto a un deporte que tanto he amado".
Una frase bella, quizá demasiado bella para un ex campeón mundial de los pesos pesados que ha traicionado a millones de aficionados que vieron en él una especie de mesías. Tyson terminó los últimos segundos del sexto asalto acorralado, con la cabeza metida entre las cuerdas. Luego se incorporó y se fue tambaleando a su rincón. Se sentó y se sintió más frágil que nunca, más incluso que cuando dio con sus huesos en la cárcel en los años 90. Cuando el árbitro de la pelea, Joe Cortez, acudió a la esquina para ver si podía seguir, los preparadores de Tyson dijeron que el combate no ponía continuar. Game over.
Noticias relacionadas
La pelea, celebrada en el MCI Center de Washington, estaba pactada a 10 asaltos y en ella, Mike se embolsó cinco millones de dólares (por los 150.000 dólares que se llevó su rival). Era el primer combate que hacía Tyson desde julio del año pasado, cuando también perdió por K.O. ante otro boxeador carne de gimnasio, el británico Danny Williams. Pero nada cambió. McBride llevó la iniciativa y obligó a Tyson a recurrir al boxeo sucio, provocando que le descontaran dos puntos por dar un cabezazo intencionado a McBride, a quien se le abrió la ceja izquierda.
Ésta era la última oportunidad para el campeón del mundo de los pesos pesados más joven de la historia. El hombre al que rescató del reformatorio Cus D'Amato, quien le modeló en aquel gimnasio de Catskills, Nueva York, en el que Mike se convirtió luego en leyenda. Pero aquello queda tan lejos que parece que nunca hubiera ocurrido. El campeón ya no es el campeón. Y es que los campeones nunca abandonan.