Puerta estuvo a punto de morir en un ascensor
Campeón júnior de Roland Garros en 1995, la trayectoria de Mariano Puerta no ha sido fácil. En 2001 fue operado de ligamentos en la muñeca y en 2003 fue sancionado nueve meses por dopaje.


LLa vida del zurdo Mariano Puerta, de San Francisco (Córdoba), pero residente en Buenos Aires daría tema para una película de aventuras. O de pesadillas. En 2003, Puerta estuvo a punto de matarse en un ascensor que se detuvo cuando subía a su apartamento de Buenos Aires, en el barrio de Palermo, en el piso 19. Entre los pisos 18 y 19, el ascensor se paró y Mariano escuchó unos ruidos raros. Temiendo lo peor, pudo forzar la puerta y escalar por los cables y la estructura hasta la puerta del piso 19. Justo cuando llegó allí, el ascensor cayó a plomo hasta el subsuelo. "Salvé la vida por milagro", recuerda hoy Puerta.
El tenis de Puerta tampoco ha escapado a su perfil aventurero. Campeón junior de Roland Garros en 1995, Puerta (nacido en 1977), tenía toda la proyeción posible. En 2000 llegó al número 18 del mundo. Pero en 2001, fue intervenido de una lesión de ligamentos en su muñeca derecha y, durante la inactividad, cayó al número 255.
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Se recuperó jugando challengers como un descosido. Y cuando ganó a un jovencísimo Rafa Nadal la final de Aix-en-Provence (Francia), en 2003, le fue entregada, como regalo, la notificación de que había dado positivo por el esteroide clembuterol en febrero de ese mismo año, tras medirse a su compatriota Calleri, en Viña del Mar (Chile). "Tomaba un medicamento contra el asma y me olvidé consignarlo en la hoja médica", se excusó Puerta, que se gastó 70.000 dólares en abogados, pero no evitó ser suspendido por nueve meses, que, de hecho, se redujeron a seis. Reapareció en julio de 2004, pero dentro del clima de sospechas de dopaje que rodea al mundillo del tenis argentino y sus técnicos.
En 2005, Puerta va a tope. Ha ganado a Moyá las tres veces que ha jugado con él. Con Nadal perdió claramente en Acapulco. Fue finalista en Buenos Aires y campeón en Casablanca. Su saque en suspensión, sus gemelos y su revés cruzado son dignos de verse. Es un Toro de las Pampas que no se va a rendir hasta la última estocada. Aquel ascensor puede bien dar fe de ello.