¡Nadal-Federer!
Los dos mejores jugadores del mundo se enfrentan hoy en París en la segunda semifinal de Roland Garros. Se han visto las caras dos veces, con una victoria para cada uno. Nadal busca su primera final en un torneo de Grand Slam


Ocurre una sola vez en la vida de un niño prodigio, uno de esos niños del destino: es el momento en el que el mundo y el niño se asoman el uno al otro. El mundo quiere reconocer el temperamento genial en el hijo del destino, y el chico quiere ofrecérselo al mundo con la transparencia y la fuerza del cristal de un diamante. En el caso de Rafael Nadal Parera, ése día puede ser el día en que cumple 19 años: hoy mismo. El día en que cumple 19 años, hacia las 16:00 horas, Rafael Nadal desafía al mundo del tenis y al amo de su universo: Roger Federer, el número uno, el ganador de 19 finales seguidas.
Los niños del destino saben exactamente dónde están, qué están haciendo, cuándo llega su tiempo y su momento. Ayer, en la sesión fotográfica de la ATP, Rafa Nadal se metía entre pecho y espalda un apetitoso helado de crema Haagen Dazs, antes de desearle "suerte" a Herr Roger Federer, que le miraba incrédulo ante tal atrevimiento. Herr Roger sonreía pero no atinaba a responder. ¿Incrédulo o intimidado...?
"No he visto a ningún chico de esta edad intimidar a la gente de este modo desde Boris Becker en Wimbledon, en 1985", analizaba John McEnroe. Luego, el genio SuperMac le deseó "suerte" al niño Nadal, cuando se cruzaron en la pista cuatro, tras el entreno de Rafa. "Nadal no es Becker y debe perder cinco o seis kilos", matiza el astuto Ion Tiriac. Si lo hubiera visto devorar aquel Haagen Dazs, Tiriac tendría más claro que Nadal no es Becker. El niño-guerrero reparte instinto y cálculo, simpatía y potencia, control y dominación.
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Las previsiones tienen tensión e incertidumbre que sólo relajan la fresca soltura del mismo Nadal. Curiosidad, morbo. La primera semifinal, entre los jornaleros Puerta y Davydenko, sólo existe para ellos. Los partes meteorológicos anticipan chaparrones. Si hay humedad, el bote de la bola de Nadal se esponjará. Perderá altura. Saldrá favorecido el toque de Federer. La familia entera de Nadal, padres, hermana, el tío Miguel Angel y demás parientes y afectos va desembarcando en París para apoyar al Niño: es la hora de la verdad.
Final de Miami. Se recuerda la final de Miami que Rafa perdió en cinco sets tras haberse quedado a dos puntos de humillar a Federer. Los expertos comparan el bote de la bola en pista rápida y en la tierra ocre de Roland Garros. Para algunos, el toque mágico de Federer, tan sedoso, viene a ser como la embestida de un miura: o te quitas tú, o te quita él. Nadal, que no es el Niño de la Palma, sino de Palma, no se quitará: planea parar y templar las embestidas del Federer Express. A estos niños del destino, la victoria les llega en un sueño. Les ayuda que ellos saben cuándo llega su momento, su día y su tiempo. Como McEnroe ante Borg en 1981, o Becker en 1985, Nadal sabe que su momento, su día y su tiempo están aquí, en París.