"Mis siete medallas son el punto de referencia"
Ningún deportista ha marcado los Juegos Olímpicos con tanta cantidad de oro como Mark Andrew Spitz (Modesto, California, 10-2-1950). El récord de siete medallas de oro que Spitz impuso en los Juegos de Múnich, en 1972, aún permanece intacto. En Lisboa, Mark Spitz conversó con AS.


Viene usted, Mr. Spitz, con su ajetreo como jurado de los Premios Laureus y disfrutando a bordo de un Mercedes deportivo de 500 caballos de potencia. Ese Mercedes, ¿se parece más a lo que fue Mark Spitz o a lo que es y puede ser Michael Phelps? ¿Cree que Phelps puede igualar o batir esa plusmarca de siete medallas de oro que usted, Mr. Spitz, firmó en los históricos Juegos de Múnich?
Ja, ja... lo que soy ahora mismo es como la madre o la niñera de mi hijo Justin, que está aquí conmigo y no me deja dar un paso (Spitz se refiere a un veinteañero que le acompaña a todas partes y que, pese a los rizos rubios, tiene su aire inconfundible)... pero hay que hacer precisiones: aunque Michael Phelps es un gran nadador, no se le puede comparar conmigo. Nada en pruebas y en tiempos diferentes. Todo es muy diferente. Para empezar, él hace incluso nado de espalda, lo que yo jamás hice. Básicamente, yo dominaba dos estilos, libre y mariposa, y era muy sólido en ellos.
Da la impresión de que, como todo gran veterano, tiende rebajar un poco la importancia de lo que se hace en la modernidad.
Básicamente, es más fácil ganar hoy más medallas, porque se añadieron los 50 libre: esto es algo objetivo. Para ganar las siete medallas de oro, yo tuve que dominar totalmente dos estilos, sin resquicios, y en el caso del nado libre, gobernar el 200 y el sprint, que entonces se reducía a los 100 metros. Y en mariposa, si nadas bien en 200, puedes tener problemas en 100: algo de eso le ha venido pasando a Phelps. Pero hay que admirar su capacidad física y psíquica para nadar entre 15 y 20 eventos totalmente diferentes en una semana. Le prometo que no es fácil. En Múnich, yo nadé 13 y fue un tormento.
Ian Thorpe sostiene que nadie llegará a su marca de siete medallas de oro en Múnich. Aunque sólo sea por el cumplido, ¿ve en Thorpe un nadador y un atleta tanto o más consistente que Phelps?
Diría lo mismo: Thorpe y Phelps no pueden tener rivalidad entre ellos, porque se trata de nadadores diferentes que hacen estilos y pruebas diferentes. Primariamente, Thorpe es un nadador en estilo libre, aunque lo haga bien en la especialidad de estilos (medley). Para Phelps, el nado libre es más accesorio.
Phelps es tan moderno, que planea convertir la natación en un deporte-espectáculo y se ve a sí mismo como algo parecido a Michael Jordan....
¿Ha dicho eso? No sabía... no estoy seguro de que él piense o se plantee ser como Michael Jordan. ¿Cuándo lo ha dicho? Bueno, una de las cosas que yo intentaba cuando salía a la piscina era tener a los demás convencidos de que no tenían nada que hacer contra mí, que sólo podían luchar por el segundo puesto. Para mí, eso era parte de la forma de ganar.
Se acaba de jugar el último partido de fútbol en el Olympiastadion de Múnich, donde usted desfiló en 1972, en unos Juegos Olímpicos que quedaron señalados por dos hitos históricos: sus siete medallas de oro y el desembarco terrorista de 'Septiembre Negro' contra los atletas israelíes en la Villa Olímpica. Empezamos por donde quiera...
Mmmm (deja vagar la mirada, de azul intenso, parece que aterriza en la Villa Olímpica de Múnich)... yo estoy feliz de haber hecho algo que, claramente, se ha convertido en punto de referencia de los atletas olímpicos en cada uno de los Juegos que vinieron tras Múnich. En ese sentido, yo cambié los Juegos Olímpicos. Pero, tras los atentados y lo que pasó allí, los Juegos ya nunca fueron los mismos.
¿A qué se refiere?
A la seguridad. Hubo un antes y un después de los Juegos de Múnich. Hasta ahí, todo era más abierto y amistoso. Desde ahí, las precauciones crecieron hasta llegar donde estamos hoy.
¿Era mejor antes o es peor ahora? ¿Qué recuerda de los días de 'Septiembre Negro' en la Villa Olímpica?
Diré también que es diferente, no sé si mejor o peor, pero, obviamente, hay que proteger a los atletas en un acontecimiento de masas como éste. Los atentados ocurrieron justo cuando yo acabé mi participación. Fue lo más infortunado que he vivido. Nadie estaba seguro de qué pasaba ni de si habría más ataques. Nadie podía creer nada. Yo abandoné Múnich en 24 horas.
(En un ambiente aterrorizado y lleno de estupor, el origen judío de Mark Spitz le presentaba como gran objetivo para otros ataques: Spitz fue repatriado de inmediato a EE UU).
Ha pasado mucho tiempo. También para el dopaje y su control. ¿Cómo ve la situación?
El control al dopaje no es perfecto y no creo que pueda serlo, pero se han hecho grandes progresos en los últimos 20 años. Estamos mucho mejor. Lo que pasa es que los tramposos también hacen sus progresos...
¿Cómo valora la postura de EE UU ante el dopaje?
No es la mejor ni más fuerte del mundo, pero tampoco soy yo quien va a dar las soluciones. Las grandes ligas profesionales llevan sus deportes de un modo distinto al modo olímpico y están determinadas a que nadie influya ni condicione sus mercados. No sé si se podría cambiar eso.
Usted, como ciudadano acomodado de EE UU que ha hecho fortuna, ¿tiene una opinión sobre la línea política de su país?
Je, je...tampoco estoy enteramente feliz, pero si tuviera las soluciones a los problemas, seguramente sería el hombre más popular en Washington D. C.
¿Se considera el mejor atleta olímpico de siempre? ¿Ve a Phelps batiendo su plusmarca?
La respuesta a la primera pregunta la podrían dar ustedes o el mismo Phelps. Es claro que soy un punto de referencia para él y para muchos, pero si Michael consiguiera mi plusmarca, me sentiría feliz, se lo puedo asegurar. En tres años lo veremos.
Se nos iba el relato de sus siete medallas en la piscina de Múnich. ¿Cuál disfrutó más?
La última, la de los 100 libres: estuve a punto de no salir, porque no quería perder, y pensaba que mi amigo Jerry Heidenreich podía ganarme. Pero mi entrenador, Sherm Chavoor, me dijo que no podía ser un gallina. Tenía que ganar para ser el mejor. Batí el récord del mundo con 51.22, y en el sprint, que era lo que más temía. La tensión era lo más duro, pero la manejé. Cada oro era el nuevo episodio de una película. Pero la mejor marca fue la de 100 mariposa (54.27): aún hoy sería competitiva,
Casi le descalifica Avery Brundage por exhibir las zapatillas en el podio...
Esa es otra cosa que jamás pasaría hoy. ¿Lo ve?
Ya no está su padre, Arnold, el que le decía que "nadar no lo es todo: ganar sí lo es".
Murió en septiembre pasado. Me decía: "Ser segundo y ser nada es lo mismo: gana". Vamos, Justin, vamos...
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En el verano de 2004, Mark Spitz fue llamado especialmente por la Federación Estadounidense de Natación y por las cadenas televisivas para acompañar a Michael Phelps en el podio de los trials olímpicos de EE UU. En la lámina de agua de Long Beach, junto al transatlántico Queen Mary, Spitz, todo un public relations, levantó el brazo de Phelps, su príncipe heredero. "Phelps es un nadador totalmente diferente a mí, que nada en una época y en unas pruebas diferentes", resume Spitz, quien no es categórico sobre las posibilidades del superclase de Maryland: "En tres años veremos si Michael es capaz de batir mi récord".