Balonmano | Champions League

Ciudad Real ya vive la fiebre de la Champions

En esta cita con la historia, la afición vive un ambite de euforia

Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

El lunes se pusieron a la venta las entradas para la final de la Champions en Ciudad Real, la primera de la historia para el equipo manchego. En un santiamén se agotó el papel, y eso que la venta estaba limitada a cinco por persona. "El primero de la cola estaba en la taquilla desde las seis de la mañana", asegura un empleado del, que en esta ocasión no ha podido atender a sus compromisos personales. Sucedía antes de que el equipo manchego ganase en el Palau... el martes.

En Ciudad Real se ha pasado de un moderado fatalismo (escocía la derrota de la primera vuelta liguera en casa), a un optimismo desbocado.

Cuando el miércoles comenzó a sonar sin descanso el teléfono en la sede del club, la misma contestación: "Lo siento. Es imposible". Es más, la reventa no funciona porque nadie está dispuesto a vender su tesoro, la cita con la historia, algo que se podrá contar cuando pasen los años. "Los que han comprado entradas son los que vienen habitualmente a los partidos. Hay un grupo de ocho aficionados de Badajoz asiduo, y esta vez, sólo vienen cuatro".

Nadie quiere vender.

En Internet hay demanda de entradas, y las más caras, las de 60 euros, multiplican por cinco su valor. ¡Pero no hay oferta! Nadie vende y la euforia se masca en las calles de una manera más encendida según se acerca el partido: sábado, 17:00 (La 2).

La directiva de Domingo Díaz de Mera llegó a plantearse ampliar el aforo para la final, pero no se llegaba a tiempo, y además resultaba muy caro el montaje de unas gradas supletorias para llegar a los 7.000 aficionados. Así que serán 5.500 los escogidos que estén en la pista.

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Con esta expectativa, el ambiente está asegurado. Los peñistas del Megáfono (la decana, formada en los tiempos de Caserío Vigón), La Primera, Peña 2, Er Gorro, y Juan de Dios, de Corral de Calatrava, harán de la final una fiesta, y preparan el desembarco en el Palau Blaugrana la semana siguente en una decena de autocares.

De momento, la Plaza Mayor está tranquila. Allí se va si se gana. En Orosco, pub simbólico, se juega el encuentro por adelantado en cientos de conversaciones, y en Daimiel, Puertollano, Manzanares y hasta en Pozoblanco (Córdoba) los aficionados se preparan para unirse a la marea ciudarrealense que está ante su primera final de la primera competición europea. Sí, Ciudad Real ya está en el mapa del deporte internacional europeo.

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