McCoy y su fantasma de Aintree

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Para ganar dicen que además de ser bueno hay que tener suerte. Ya no me cabe la menor duda de que Tony McCoy es el mejor jockey de vallas que existe, porque tiene el mejor palmarés aún siendo perseguido por la desgracia. McCoy figura en el Libro Guinness por ganar ocho veces la estadística de jinetes de vallas, ha roto todos los récords de victorias y es triple vencedor con Best Mate de la Copa de Oro de Cheltenham (el steeaple-chase más importante). Lo ha ganado todo, menos el Grand National. Como si a Pelé o Maradona se les hubiera negado un Mundial.
El irlandés lo intentaba en Aintree por décima vez, esta vez con Clan Royal, excepcional caballo de McManus, propietario del Manchester United. Siempre tuvieron los irlandeses fama de ser tan buenos jockeys como malos marinos (el elogio es incompleto porque la frase es de autor inglés, claro), y McCoy sabe que el National además de 30 vallas tiene otros obstáculos menos previsibles: las montoneras de las caídas y los caballos desmontados. Por eso situó a Clan Royal segundo (para evitar las caídas) y comandó el lote cuando quiso. El fácil galope y la limpieza de sus saltos hicieron pensar que ni Hedgehunter, luego ganador, ni la intrépida Carrie Ford, a lomos de Forest Gunner, tenían más opción que el segundo puesto. Tal exceso de confianza del maestro McCoy sólo obedecía a una cuestión: se sabía ganador. Pero a McCoy se le apareció su fantasma del National, esta vez en el córner del Becher's Brook, y dos caballos sin jockey y sin gobierno se cruzaron en su camino y le robaron la victoria, la gloria. Nadie duda de que McCoy es el mejor, pero cuando del Grand National se trata, este hombre se sienta en un pajar y se clava la aguja.