París hace una apuesta por la seducción
Oculta sus fallos y juega la baza de la humildad


Rápido juego de empatía olímpica: póngase usted en el lugar de un turista deportivo, un fan viajero de ésos que pisaron Sydney, Atenas o Atlanta y siguieron la pista NBA de Jordan o la rueda de la Fórmula 1. Si lo prefiere, juegue a evaluador de la Comisión del COI. Y más allá: usted es un miembro del COI, de esa honorable familia olímpica que dirá la última palabra en Singapur y que no se aloja precisamente en venerables hostales con televisión y baño compartidos...
...Y a usted le ponen por delante, tras un cómodo viaje, las tiendas del Faubourg Saint-Honoré y las brasseries de los Campos Elíseos o la Bastilla. Si quiere ver ciclismo, irá a Versalles. Si le apetece sonreir a la Gioconda, he ahí el Louvre. Si adora el tenis, ahí tiene Roland Garros, ampliado y mejorado pese a la lata habitual de los ecologistas, que resuena más o menos según sople el viento. Y habrá voley playa junto a la Torre Eiffel.
¿Hoteles? París fue la ciudad mejor puntuada en la lista de Lausana. El Ritz es caro, pero nos sugiere el último vuelo de Lady Di en carne mortal, rumbo a los pilotes del Túnel de Alma. En París operan tres aeropuertos: Charles de Gaulle, Orly y el antañón Le Bourget, con su Museo del Aire y sus Mirages. El Comité Olímpico Francés propone que toda la familia olímpica tenga exención de visado por esos aeropuertos durante dos añitos. Fraternidad. Del Incorruptible Robespierre sólo queda el nombre de una alejada, ajada estación de metro. El gran solar regenerable del centro urbano se reserva para Villa. Incorruptibles. Mayo del 68 fue hace 35 años. Hoy, las huelgas se negocian como es debido. La vieja gloria Guy Drut y sus escandalitos pasan de puntillas.
Encanto. ¿Usted prefiere atletismo? Irá al gran Estadio de Francia. ¿Fútbol? Al Parque de los Príncipes. ¿Deportes en sala, natación...? Pues mire, como el Omnisport Bercy se quedaría pequeño, hay proyectados dos pabellonazos con supercúpulas. Uno de esos domos, el del Bosque de Bolonia, anexo a Roland Garros, es la maldición para los ecologistas.
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Con eso y con 4.200 millones de euros de presupuesto, París 2012 juega la carta de.... la humildad. Humildad de dos dolorosas derrotas previas. Humildad con piel de cordero tricolor."No nos toquen a París", parecía ser el lema final de los evaluadores.
Traducción viperina: "Hagan el favor de no molestar y que podamos llegar tranquilos a 2012 para planear las visitas a Givenchy y las brasseries". Habrá que votar en Singapur. Pero si París es ya una cuestión familiar, de la familia, ésta ya no es cuestión de honor, sino el Molino Rojo. Pardon.