Noveno Grand Slam para un gran Gales en Cardiff
Los dragones no ganaban el título desde el año 1978

El rugby mantiene la sana costumbre de premiar al mejor equipo con la victoria. Y Gales ha practicado el mejor rugby del Torneo, salvando algunas fases de juego francés en las últimas jornadas. Por eso ayer los galeses celebraron junto a los 72.500 aficionados que acudieron al Millenium la conquista del Grand Slam 27 años después. El noveno. Más que nadie.
El partido evidenció que la motivación de los dragones era superior dada la relevancia del choque. Acudían prestos a los rucks, donde barrieron a Irlanda, robaron varias touchs a los irlandeses e incomodaron a O'Gara y O'Driscoll apretando de lo lindo con su paquete de delanteros. En el inicio, la inteligentísima dirección del juego de Dwayne Peel (hombre del partido) y las patadas del metrosexual Gavin Henson (hombre del torneo, probablemente) decantaron la balanza del lado local. Un drop desde su campo de Henson emulando a otro Gavin, el escocés Hasting, calibró la ambición galesa. Un fallo de O'Gara permitió el ensayo de Jenkins, hecho que desató el consumo de pintas en el Millenium. Los irlandeses eran superados en cada agrupamiento, ya fuera ruck, maul o melé, por una galeses que se habían citado con la historia.
La segunda parte llevó al hywl galés a la gloria. Mediada la segunda parte, O'Kelly y Cockbain se enzarzaron en un pelea que el árbitro Chris White solucionó retratando la esencia de este deporte. Llamó a los jugadores y a los capitanes y les dijo: "Estamos jugando al rugby en Cardiff. Dignifiquen este deporte". Los irlandeses le hicieron caso y murieron en las inmediaciones de la zona de ensayo rival. Perdieron el partido, no el orgullo.
Las imágenes de Phil Bennet, último capitán galés que ganó el Grand Slam, narrando el final del choque con lágrimas en los ojos o la del seleccionador irlandés abrazado a su amigo y adversario Mike Ruddock, certificaron la trascendencia de esta tarde histórica para el deporte galés. Merecidas felicidades.
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