Bekele deslumbró con su séptimo título consecutivo
Aguantó el ataque de kenianos y qataríes nacionalizados

Kenenisa Bekele vertió ayer lágrimas negras y acarició en el podio un oro con sabor agridulce. Agrio porque el amor de su vida, Alem Techale, de 17 años, con la que iba a casarse en mayo, no pudo aplaudir este séptimo título consecutivo logrado en los Mundiales de Saint Galmier (Francia). Ya saben: murió en enero en sus brazos, mientras se entrenaban juntos. Tenía 17 años y hubiera estado este fin de semana en el equipo etíope. Las lágrimas fueron negras: lo que iba a ser una fiesta triunfal se convirtió en un homenaje a una princesa muerta.
Kenianos y qataríes (que también son kenianos, mercenarios comprados por los petrodólares del Golfo Pérsico), sabían que Bekele estaba herido y organizaron una batida de caza para quebrar su racha. No le dejaron la iniciativa, atacaron como fieras y Saif Saaeed Shaeen, plusmarquista de 3.000 metros obstáculos, uno de esos mercenarios, llegó a tomar unos cuantos metros de ventaja sobre Kenenisa.
Estaba anímicamente herido en lo más hondo, pero atléticamente pletórico, y contraatacó como pocas veces se ha visto. Alcanzó a su oponente y le rebasó como un Ave a un mercancías. Estábamos en la mitad de carrera y ahí se acabó todo.
Historia.
Lo demás fue una cabalgada soberbia de un atleta que tiene 22 años y que ya está en la historia del atletismo, aunque tenga la mayor parte de su biografía por escribir. Se persignó al llegar a la meta. Siempre lo hace. Es cristiano copto. Pero esta vez lo hizo más veces, de otra manera, pensando en otras cosas. Shaeen, el hombre que quiso destrozarlo, pagó su osadía quedándose fuera del podio.
España acabó novena, con Juan Carlos Higuero (40º) como el primero de nuestros atletas. La Selección fue el primer equipo europeo. Está muy bien, pero sabe a muy poco.
Hoy Bekele busca otro oro en la carrera larga. Será el octavo consecutivo. Y vertirá de nuevo lágrimas negras. En nombre de la princesa muerta.
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Por supuesto que he pensado en mi novia, Alem, durante la carrera. No podía ser de otro modo. Pero no la he perdido. Ella no ha muerto, porque está en mi corazón. He aceptado las cosas como son. He venido aquí a hacerlo lo mejor posible para ayudar a mis compañeros de equipo. En cuanto a la carrera de hoy, ha sido más dura comparada con la del año pasado. Los qataríes hicieron exactamente lo que yo esperaba: marcar un paso muy rápido. Mañana (por hoy) intentaré vencer en la carrera larga y sumar un nuevo título".
