Atletismo | Europeos de Madrid en Pista Cubierta

El nuevo Palacio fue talismán: 12 medallas

A las cuatro del sábado se sumaron las ocho de ayer, un récord.

<b>AMBIENTE DE FIESTA. </b>Ocho mil personas presenciaron los Europeos de Atletismo, que resultaron inolvidables y fantásticos.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Abrazada a su madre guadalajareña, Selene aplaudía sentada en la grada del Palacio de Deportes de Madrid, cuando su papá, Joan Lino Martínez, tomaba impulso al final del pasillo de saltos para aterrizar lo más lejos posible en el foso de tierra. Selene quiere decir Luna y hasta hace muy poco aplaudía a cualquier negro que estuviera en una pista de atletismo y le llamaba "papá". Ahora ya sólo aplaude a Lino, al que se le humedecen los ojos y se cae la baba cuando habla de esa pequeña negrita de pelo trenzado, de tres años de edad, a la que llama "pequeño tormento".

Ayer Selene disfrutó de lo lindo. No sólo aplaudía ella a su padre, sino otras 9.000 personas. Nunca había visto nada igual. Lino, habanero afincado en Madrid y nacionalizado español, era el encargado de poner la guinda a una fantástica actuación española en los Campeonatos de Europa.

Vuelo eterno.

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Enganchó un salto de 8,37 metros y pareció volar eternamente, aunque apenas estuvo un segundo en el aire. El récord de la Selección en un Europeo estaba en diez medallas, desde hace tres años, en la última edición del continental, celebrada en Viena. El objetivo, pues, eran once y se consiguieron doce: una de oro, media docena de plata y cinco de bronce. Cuatro el sábado y ocho en la tarde de ayer, en un domingo mágico, en una prodigiosa cascada que inició Mayte Martínez con su plata de 800 metros y que culminó Lino con un fantástico oro en salto de longitud. Entre una y otro, Antonio Reina y Juan de Dios Jurado fueron segundo y tercero en 800, Carlota Castrejana se llevaba el bronce en triple, Felipe Vivancos se vestía de plata en 60 metros vallas y Juan Carlos Higuero y Reyes Estévez sumaban plata y bronce en 1.500. Y luego llegó Lino e hizo dar a España un salto en el medallero con su triunfo fantástico, con su oro refulgente.

Este oro no es de 24 quilates, sino de muchos más: no se alcanzaba la victoria en longitud con una marca así desde que el armenio Robert Emmiyan, ya retirado, logró 8,49 en 1987, en la pequeña ciudad francesa de Lievin. Y la actuación española también es inolvidable: quinta en el medallero porque sólo se logró un oro, pero segunda en número total de metales. Por una vez, José María Odriozola, presidente de la Federación Española, pitoniso oficial a la hora de pronosticar medallas y con fama de acertar siempre, se quedó corto: dijo entre ocho y diez. Falló Odriozola. Pocas veces se habrá alegrado tanto de equivocarse.

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