Ruth Beitia es elevada al podio de los campeones
Su actuación superó a la de Manuel Martínez, Canal y Estévez

Cuatro medallas esperábamos en la jornada de ayer de los Europeos de Madrid en pista cubierta y cuatro nos llevamos, pero hay que reconocer que más que chuparnos los dedos nos curamos las heridas. Por esas cuatro medallas no habrá cohetes, aunque se haya cubierto el cupo previsto. La única que sabe a gloria es la plata de Ruth Beitia en salto de altura. Plata que sabe a oro, diría el clásico. Plata es plata, sentenciaría alguien más prosaico.
Y plata es plata porque Ruth era la segunda del ránking europeo del año y en ese puesto se colocó. Había ganado en el Memorial Cagigal de hace unos días a la rusa Olga Chicherova, que sabe lo que es saltar 2,04 metros, pero no todos los días son fiesta y ayer Olga hizo valer sus poderes. Ruth se llevó el subcampeonato con 1,99 y disfrutó de lo lindo. Fue la heroína del día, aunque tres compañeros más dormirán esta noche con medallas al cuello, es un decir.
Medallas que en algún caso tienen sabor amargo. Por ejemplo, la de David Canal. Era el número uno del ránking y ha sido el número dos de los continentales. Repite la medalla de hace tres años en Viena. Decíamos ayer que su tocayo, el irlandés David Gillick, era hombre peligroso, porque pasó más fuerte que él en los primeros 200 metros y porque hizo marca personal. Ayer corrió muy bien y se llevó el oro ante un Canal que no tuvo la fuerza del Campeonato de España.
Peor supo el bronce de Reyes Estévez en los 3.000 metros. No era favorito a la victoria, porque tenía la segunda mejor marca continental de la temporada, tras el irlandés Alistair Cragg, una joya blanca en la jungla olímpica del fondo. Cragg es un estilista puro, un hombre clásico del mediofondo británico: el que quiera seguirme, que me siga, si puede... Un hombre sencillo.
Batió a Reyes, y a todos los demás, con claridad meridiana. Había avisado, y el que avisa no es traidor: "Tiraré desde el principio porque temo el final de Estévez". Ni es traidor ni es mentiroso: tiró desde el principio y ganó. Con una zancada perfecta, con un estilo impecable, destrozando a todos los rivales sin apenas contraer el gesto, como hacen las grandes estrellas.
Reyes era el segundo del ránking y si los números no engañan ese hubiera sido su puesto final, pero retrocedió uno, porque entre él y Cragg se coló John Mayock, un veterano británico de 34 años que disfruta de una segunda juventud. Un bronce, el de Reyes, que tiene un sabor muy amargo, y que no sé si minará su moral cara a la final de 1.500 metros de esta tarde, esa en la que tenía menos esperanzas que en los 3.000 de ayer.
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Otro bronce se llevó Manolo Martínez en lanzamiento de peso. Tampoco sabe a oro, evidentemente, porque ese oro ya lo saboreó hace tres años, a orillas del Danubio (Viena). Lanzó 21,51, su mejor marca del año, pero se encontró con el danés Joaquim Olsen, que llegó a 21,19, también mejor registro de la temporada, y con el holandés Rutgen Smith, que batió el récord de su país con 20,79.
En fin, que Ruth Beitia fue la estrella. Manolo, el capitán del equipo, la paseó en brazos.
