Rafael Nadal es ahora la última esperanza
El equipo español, vigente campeón de la Copa Davis, tuvo ayer un sorprendente inicio en la primera eliminatoria de esta temporada. Perdieron Feliciano y Verdasco, y ahora la confrontación está muy cuesta arriba. Eslovaquia gana 2-0, una desventaja que jamás han podido remontar los españoles.


La lógica en la vida de gente como Rafael Nadal es... luchar por su vida. Esa es también la lógica de la Copa Davis. La lógica ilógica del riesgo calculado privó a España de su competidor más fiero. Y, con cada una de las células del cuerpo de Nadal viviendo la pasión rebelde del motín, con su agente, Carlos Costa, templando el fuego de uno de los cuerpos más ganadores (¿el qué más?) que dan vida al deporte español, España se ve ante el muro del 0-2. Esa pared nunca la ha escalado el equipo español de la Davis, el actual usuario de la Ensaladera. No se ha escalado ni con Santana, ni con Gimeno, ni con Moyá. A partir de hoy mismo se intentará la hazaña: con Rafa Nadal en acción, por supuesto.
Para Nadal, el día tuvo que ser como el que vive un paciente en el quirófano al que van a amputarle un brazo sano. Para el resto de los españoles que vagan por las nevadas de Bratislava, la sesión fue un martirio de impotencia. Dios suele escribir derecho con renglones torcidos, pero al menos este viernes, Dios fue eslovaco. Resultó singular que Verdasco, sustituto directo de Nadal, hiciera un excelente trabajo en su estreno en Davis ante Hrbaty, el príncipe de Eslovaquia. Pero Verdasco perdió.
Y perdió Feliciano López, cuya raqueta se comparaba a un palo de truenos. Hizo un partido plano y unidimensional ante Beck, el tapado eslovaco. Feliciano se empeñó en ganar con la fuerza bruta de unos saques que Beck leía siempre. Cuando López comprobó que sus saques no perforaban el cuerpo ni la raqueta de Beck, se bloqueó. Tras ceder el primer set, Feliciano tuvo 0-40 en el 4-4 de la segunda manga. Beck, sólido, remontó eso y ahí acabó el día de Feliciano. Se había demostrado otra cosa: la pista es rápida, pero en ella gana el que juega mejor tenis. Ese fue Beck, que mejoró a López incluso en saques directos: 15-9.
Esta vez, Dios no iba a escribir derecho en los renglones torcidos de los españoles. Seguramente, en Copa Davis, Dios se alinea con ganadores del carácter de Nadal. "¿Cuántas divisiones tiene el Vaticano?", acostumbraba a decir el ateo José Stalin, que sabía cómo ganar grandes guerras: sin piedad, claro. Y sin regalar ni un palmo de terreno.
Tras el 0-1, Verdasco, que gusta de entrenarse con la camiseta de Ronaldo, hizo lo que pudo. Cualquier comparación será odiosa. Cada golpe de Verdasco era un peligro para Hrbaty, una copia de Lendl con menos de punch en los golpes. Pero tira líneas aquí y allí, machaca y desespera como hacía Iván El Terrible. Escondiendo y cortando el saque, Verdasco hizo 22 aces. Pero perdió. 0-2. Y ahora, la única esperanza es la rebeldía, el motín, la competitividad: Rafael Nadal.
Verdasco "Hrbaty ha sido mejor que yo"
Hrbaty me ha ganado porque ha jugado mejor los puntos importantes. Esa ha sido la clave de un partido cuya igualdad nadie pueda negar. Ha restado maravillosamente, ha dado un nivel altísimo y yo he estado a su altura, pero en los momentos claves no he podido hacer nada. Sabía cómo había que jugar pero él ha sido mejor y no se pudo hacer más"
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Feliciano "Beck me ha sorprendido"
Beck me ha sorprendido. No es que yo haya jugado un mal partido, es que él lo ha hecho todo bien. Ha restado de un modo que no me esperaba, y a partir de ahí me ha superado en todos los aspectos. Casi siempre he tenido que volear por debajo de la cinta y era difícil encontrar un buen camino de subida. No ha habido forma y lo tenemos complicado".