Tenis | Open de Australia

Hewitt juega casi 11 horas en las tres últimas rondas

El australiano se medirá a Safin en la final

<b>FUEGO VERDE. </b>Hewitt iba de verde, pero despidió fuego ante Roddick.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Roger Federer ya no es El Hombre Invencible. Y ahora, Lleyton Hewitt da toda la sensación de ser tan inaccesible como las viejas leyendas aborígenes de Ayers Rock. Entre los partidos con Nadal, Nalbandián y Andy Roddick, ayer, Hewitt ha sumado 655 minutos en pista. Exacto: 11 horas menos cinco minutos, a una media muy cercana a las cuatro horas de acción ante cada rival. Y ahí está, desarticulando el saque-cañón de Roddick, a quien se le va descontrolando más y más el juego de pista.

En la semifinal del Rod Laver Arena, Roddick sirvió primeros saques hasta a 231 kms./hora, pero esas balas se estrellaron en la coraza que son los restos de Hewitt. Cuando se juega contra alguien así es cuando hay que memorizar el librillo de trucos del taimado entrenador Brad Gilbert: Ganar Feo.

Pero Gilbert abandonó oficialmente a Roddick en diciembre de 2004, muy pocos días después del descalabro de Andy en la Davis de Sevilla. La cosa ya venía mal desde unos meses antes. Dean Goldfine, nuevo entrenador del gran sacador de Nebraska, parece que no tiene antídoto para el veneno de Hewitt.

Safin. Sí puede haber antídoto en el calibre de la raqueta de Safin. Por superioridad de vatios, y en una semifinal agónica, Safin despidió a Federer, tocado en una mano y con ampollas en el pie. Hay rusos que dicen: "Todo poder fáctico en Rusia emana desde el cañón de una pistola".

No sólo en Rusia, vaya. Y en ese calibre de Safin habita una de las razones que pueden apartar a Hewitt de su primer Open australiano. Luego, los consejos del gurú Lundgren. Cañón ruso y consejos suecos contra la fe que mueve montañas: Hewitt.

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