Francis Obikwelu

"Yo quise ser español y no me respondieron"

La imagen perdura desde el 22 de agosto de 2004: Francis Obiorah Obikwelu (Onitsha, Nigeria, 22-11-1978, ciudadano de Portugal) deja el récord de Europa en 9.86 y atrapa la plata en la final de 100 metros lisos en los Juegos de Atenas. Obikwelu, que se entrena en Madrid, pudo ser español.

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Esta entrevista la hacemos en Madrid, cerquita de su piso del Barrio de El Pilar, pero mañana mismo, usted, Francis, se va a su domicilio de Lisboa. Allí, Francis Obikwelu guarda nada menos que la medalla de plata olímpica de 100 metros que se trajo de Atenas. Y ayer estábamos en el INEF, haciendo salidas de tacos, a las órdenes del profesor Pascua Piqueras. A ver cómo explicamos todo este trasiego.

Bueeno... (el lenguaje de Obikwelu es una agradable mezcla de castellano, portugués e inglés), todo empezó cuando me quedé en Lisboa después del Mundial junior de 1994, donde quedé quinto en 400 metros (46.79) defendiendo a mi país de origen, Nigeria. Algunos amigos africanos y yo decidimos quedarnos allí para ganar dinero. Éramos gente de Nigeria, de Angola... nos pusimos a trabajar en las obras, en la construcción. Íbamos a Lisboa, al Algarve... había que buscarse la vida.

Pero se mantenía en forma...

Di con una persona providencial, Mary Morgan, la directora de mi escuela de inglés. Allí, cuando nos entrenábamos en un parque, su hijo, que pertenecía al Club Belenenses, me puso en contacto con el club. Y pude seguir entrenándome más o menos bien con Fausto Ribero, que me hizo bajar desde 10.61 hasta 10.37.

Y allí, en Lisboa, en 1996, fue donde le encontró Miguel Ángel Mostaza. Hay mucha leyenda sobre ese encuentro y cómo dejó asombrado a Mostaza, que ha visto tanto en Wisconsin, con unos tiempos fabulosos: casi por la cara, además.

Je, je, je. Yo se lo voy a explicar exactamente. Era en 1996, sí. Mostaza llegó allí donde vivíamos, en Lumia, y me dijo que si era capaz de bajar de 21 segundos en 200 metros, él me podía hacer ganar mucho dinero. Me llevó a una reunión, en Maia, y dicho y hecho: hice 20.98. A partir de ahí, a correr y a hacer dinero.

(Razones esenciales por la que Francis Obikwelu hizo 20.98 casi sin entrenar y trabajando de albañil: esas dos palancas descomunales que aceleran la soberbia coordinación de una fluida máquina física de 194 centímetros de altura y 85 kilos de peso)

Y ya estamos en 1996. Cuenta otra vieja leyenda que usted le escribió una carta a la presidencia de la Real Federación Española de Atletismo, RFEA, solicitando ser nacionalizado español. ¿Verdadero o falso?

Verdadero, sí. Yo escribí esa carta en 1996 al presidente de la Federación, y no recibí respuesta alguna. Eso me decepcionó. No te puede dejar contento que ni siquiera te respondan cuando tú estás intentando abrir esa puerta. ¿Por qué lo hicieron así, por qué no hubo respuesta? No sé. Ya me da igual: estoy muy agradecido con lo que hicieron por mí en Portugal, aunque en España hay buen dinero.

(Recientemente, el presidente Odriozola argumentó que, tras esa carta, Obikwelu recibió mensajes de su parte para que estableciera su residencia en Madrid, y que esos mensajes no fueron atendidos).

Así que se quedó en Portugal, donde le llaman "Chico". Compitió en los Juegos de Atlanta 1996, donde asistió en el mismo Turner Field a los 19.32 de Michael Johnson en 200 metros. En esa distancia, Obikwelu fue semifinalista ¿Qué le pareció lo de Johnson?

Una cosa superhumana, como de otro mundo. No se puede describir. Yo lo viví allí mismo, en la pista. Hacer esa marca, de esa manera, y con las series de 200 y 400 que Michael ya llevaba encima es un poco como para que la gente se ría del resto de los que corrieron ese mismo día, y uno de ellos era otro de mis ídolos, Frankie Fredericks. No sé si hay un récord imbatible, pero si lo hay, ése es el que más se aproxima.

Tras el bronce (20.11) en el 200 del Mundial de Sevilla 1999, con Mo Greene en el oro, llegamos al 2000. Mala cosa: Obikwelu se lesiona la rodilla justo antes de los Juegos de Sydney, y...

Sí: fue ya en Sydney. Me levanté de la cama un día, después de entrenarme, cuando ya estábamos allí con el equipo de Nigeria, me senté en el sofá a ver la televisión, y la rodilla derecha empezó a hincharse. No sé cómo, pero era un dolor insoportable ahí dentro, en el menisco.

Y se tuvo que operar en Canadá. Otro vuelco en la vida de Francis Obikwelu: de éste salió con el pasaporte portugués.

Porque los que me ayudaron y me dienron dinero, en una operación que costó más de 10 millones de pesetas, fueron los portugueses, sobre todo los del Sporting de Lisboa. Por eso les debo tanto. Me siento agradecido. Me operó el doctor Paul Marks, en Toronto. Salió bien

Entre líos legales y convalecencia, adiós al Mundial 2001 de Edmonton. Pero Obikwelu, ya como portugués, volvió a los podios en el Europeo de Múnich 2002. Fue plata en 100 y 200 metros, tras las acometidas de Chambers y Kenteris, dos hombres envueltos hoy en problemas de dopaje. ¿Qué le pareció allí en Atenas todo el escándalo de Kenteris?

No me gusta hablar de eso. Para mí, Kenteris es un buen corredor y ha sido un rival más. El problema de Kenteris es suyo, es un problema más, y no se debe echar más cosas encima de él ni del atletismo. Hasta ahí.

Y tras el Mundial de París 2003, donde no hubo nada que hacer por una lesión que le provoca fallos en una pierna, llega al acuerdo de venirse a Madrid junto a Manuel Pascua y Meri Martínez. En 2004, son los Juegos Olímpicos de Atenas y, de repente, el 22 de agosto de 2004, en la final de 100 metros, Obikwelu es un rayo de plata. Y no es de oro por una miserable centésima...

Nunca me he encontrado tan bien como allí. Creí que ganaba la final: yo iba pendiente un poco de Maurice Greene, que venía por la derecha. No pensaba en nadie más, creía que había ganado, y entonces vi de refilón a Gatlin, por la izquierda y me sentí muy tenso al final. Yo siempre hago mi carrera. No me comparo con nadie. Sé que si en uno de esos días de Atenas tenemos el máximo de viento a favor, dos metros por segundo, hubiese bajado de 9.70. Hice 9.86... con 0,6 metros a favor. Imagínese con casi un metro y medio más de aire a favor. Después, en el 200, me pudieron la tensión y el cansancio. Muchas series...

¿Qué hizo aquí en Madrid con Pascua, para explotar de esta manera?

Sentirme bien. Manolo me trabaja constantemente la salida de tacos, uno de mis puntos flacos (La altura de Obikwelu, 1.94, es un serio impedimento para afilar una salida muy explosiva. Caso de Carl Lewis). Además, tengo aquí muchos amigos. Cuando estoy aquí, viene conmigo mi hermano, Ifeanyi, que suele vivir en Valencia. Voy a misa católica en la parroquia de Pío XII. En Valencia vemos a Glory Alozie, y a los otros atletas que nacieron en Nigeria. Voy a Portugal, vengo...

El católico Obikwelu no es de la misma religión que la evangelista Glory...

(Una pulsera derecha en la muñeca derecha de Obikwelu es un rosario de imágenes religiosas católicas: Fátima, el Padre Pío de Pietrelcina...)

No. Pero Glory y yo sí venimos de la misma etnia nigeriana. La tribu de los ibos, la de los mejores atletas. de ahí han salido los velocista Uchenna Emedolu y Davidson Ezinwa, el gran cuatrocentista Innocent Egbunike (subcampeón mundial en Roma 1987), los futbolistas Kanu, Okocha, Amunike. Tantos...

En Madrid también puede disfrutar de uno de sus pasatiempos preferidos: el fútbol. ¿Del Real Madrid, de Ronaldo, de Zidane, de quién...?

Ellos son muy buenos, pero a me gusta más el Barcelona, porque ahí juega el que más me gusta ahora, Ronaldinho. También me gustaba más Ronaldo... cuando estaba en el Barcelona. Cuando yo estaba en Nigeria, mi preferido era Finidi. Pero, aunque yo jugaba de defensa central, mi ídolo era Maradona. A nadie he visto hacer las cosas que él hacía.

Usted se ve como muy fuerte, muy cachas para futbolista. Y ahí no hay muchas pesas, sino trabajo físico del puro y duro: el andamio le pone a uno fuerte.

Ja, ja, de todos los hermanos, yo era siempre el que más ejercicio físico hacía. Pero nunca se puede dejar de entrenar.

Seguimos en Madrid. ¿Tiene novia? ¿Qué le llama la atención de la vida en una capital como ésta?

No: ahora no hay novia. Entreno salidas de tacos y preparo con Manolo Pascua el 200 del Mundial de Helsinki, en agosto. No haré pista cubierta. Helsinki es es el objetivo. Me gustaría hacer 100, pero no sé: las dos cosas cansan mucho. ¿Madrid? Es una cultura diferente. En África somos más como hermanos. Aquí, los vecinos no se hablan, las puertas están siempre cerradas: todo eso me extrañó.

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Vaya la que hay formada con el Caso Balco en Estados Unidos. ¿Lo siente por Marion Jones?

Digo lo mismo que cuando hablé de Kenteris. Lo siento por ellos, pero no es mi problema. Sé que la cosa está mal en Estados Unidos. Hay que tener mucho cuidado con lo que se toma. Yo dependo de mí. No tengo por qué mirar a otros atletas, sino a mi salida de tacos.

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